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FIESTAS DEL SOLSTICIO DE VERANO EN SALDUERO |
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Francisco Andrés Velasco - 26/06/2003 Descripción e interpretación etnológica de los diversos ritos folklóricos que se celebraban -algunos aún perduran- en Salduero en torno al Día de San Juan con fotos del 24 de junio de 2003. |
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A la hora de buscar una explicación medianamente lógica a la ubicación de las fiestas mayores de Salduero en los días finales del mes de junio, podemos dar una interpretación que vaya más allá de lo meramente religioso, o de festejar a un Santo Patrón. Se me ocurren, además de esta motivación religiosa, otros dos posibles motivos: uno de carácter ecológico y otro de carácter socio-económico. El primero se podría analizar a la luz de los elementos que son representativos de la fiesta y que están directamente relacionados y ligados al medio físico y al entorno. Me refiero a aquellos elementos que en la fiesta son símbolo de la relación entre el hombre y el medio que le rodea, como será el caso del soporte del ramo, las enramadas, los ramos de mozas, o las plantas que arden en 'la Sarna' (hoguera de San Pedro). Es el culto a esa naturaleza exuberante que se manifiesta en su máximo esplendor en los días finales de junio, cuando las heladas han remitido y los árboles caducifolios aparecen completamente vestidos. Por otro lado, y desde un punto de vista económico-social, es el momento de comenzar el período de máxima actividad en lo que a labores de carácter agropecuario se refiere. El final de la fiesta solía coincidir con las labores más pesadas de la actividad agropecuaria, cuales eran la recogida y almacenaje de la hierba. Además otras ocupaciones ligadas a la actividad ganadera tradicional, permitían que por estas fechas hubieran vuelto al pueblo las personas ligadas al movimiento trashumante. Éstas y otras situaciones que posiblemente se me escapen, tal vez sirvan para justificar, el porqué de estas fiestas en este lugar y en este momento. Celebración de las fiestas La celebración de las fiestas entraña ya de antemano una distribución y prefijación de 'papeles'. Habremos de separar, de entrada, lo que son los festejos sacros de las celebraciones profanas, e incluso habrá que hacer un apartado para aquellas en las que lo sacro y lo profano se entremezclan. Junto a esta separación de manifestaciones en función de su naturaleza, cabe hacer otra diferenciación en base a la participación de los distintos celebrantes y los papeles que cada uno asume en los distintos momentos de la fiesta. La primera separación será la de participar en la fiesta en función del sexo y la edad y la segunda será más bien en función del estado. Así, encontraremos que las fiestas solsticiales o en honor de San Juan y San Pedro, girarán en torno al divertimiento de mozos y mozas. Mozos y mozas que por separado y a nivel individual, serán parte activa de la fiesta pero que tendrán una participación más relevante cuando ésta sea desde el grupo y amparada por éste. De otro lado quedará la participación de los casados, quienes en gran medida serán meros observadores del divertimiento de los más jóvenes, cuando no críticos y detractores. Hay que hacer referencia a que los casados participaban de forma directa en la organización y celebración de la fiesta, sobre todo, de carácter religioso, como miembros de la 'cofradía de San Juan', de la que hay constancia de su existencia hasta la década de los 30. Lo que sí se puede afirmar, es que de ningún modo participaban en otras manifestaciones festivas que, de forma detallada, se analizarán a continuación. LOS MOZOS Son considerados mozos aquellos que han superado la pubertad. Aquellos que, por edad y reconocimiento de los demás, entran a formar parte de un grupo de relación y de posición dentro de la estructura social de ámbito local. Mozo es aquel que tiene capacidad de cierta independencia, que la mayoría de las veces vendría dada por la plena integración en el mundo laboral. El mozo, además, no lo era por sí, sino que debía ser reconocido como tal por aquellos que formaban parte del grupo. Un grupo que no se regía por normas escritas, pero sí por unos principios básicos que facilitasen la relación y la convivencia entre sus miembros, sobre todo a la hora de festejar, de ser partícipes de las costumbres y tradiciones del pueblo. El momento de ingreso en el colectivo era cuando uno se acercaba a los 18 años y la fecha indicada para tal ingreso solía ser la 'Cruz de Mayo'. Hay que reconocer que dentro del grupo de mozos existía una cierta organización y reparto de cargos. Es el caso del 'Alcalde de Mozos', figura representativa del grupo y portavoz del mismo ante las autoridades locales, y que las más de las veces había de actuar como mediador en disputas y malos entendidos que en determinados momentos, sobre todo cuando las personas no hablaban por sí mismas sino más bien por el vino, surgían. Su forma de actuar y de resolver entuertos era bastante convincente, pues se apoyaba más que en las palabras en el empleo del cinto, y así, muchas veces, la solución a los problemas era una buena tanda de correazos. Todos aquellos que accedían a la condición de mozo, cosa que se solía hacer en fechas muy determinadas, tales como la 'Cruz de Mayo', y en menor medida 'San Pedro' y 'San Roque', había de pagar una especie de canon de entrada que no iba más allá de vino u otra bebida para compartir y festejar. El primer año que uno era mozo, se actuaba como 'Alguacil de Mozos', quienes se encargaban de la intendencia y los preparativos de los festejos del colectivo, y eran, en buena medida, los que atendían a las necesidades del grupo en los momentos de reunión. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las fiestas de mozos lo son en base a momentos de convivencia, y las más de las veces, no solo para llevar a cabo una acción que demuestre tal condición de mozo, sino que toda fiesta de mozos que se preciara, habría de estar precedida por un compartir los alimentos y bebidas (vino sin medida). Esto llevaba a que existiese una economía del colectivo que estaba controlada por el alcalde de mozos o en su defecto por el teniente alcalde que haría la más de las veces las funciones de ecónomo y tesorero. La verdad es que la figura del alcalde de mozos era respetada y apoyada por todo el colectivo y dicho cargo, cuya elección se hacía de forma democrática, tenía unas funciones de mediador y pacificador muy importantes. SAN JUAN Son Vísperas El día 23, cuando caía la tarde, el nerviosismo se palpaba en el ambiente. Las campanas no sonaban como otros días, al toque de oraciones. Era un volteo incesante el que anunciaba a los cuatro vientos que al día siguiente era "LA FIESTA" Algunos mozos habían subido al campanario e intentaban poner al vuelo las campanas, cosa nada fácil cuando las melenas eran de madera, y que no tiene mayor misterio desde la sustitución de éstas por otras de fundición. Este era el toque de fiesta. A partir de aquí comenzaba la noche más corta pero también la más intensa. Su comienzo solía estar marcado por la cena de mozos, a la que pudiera llamarse de hermandad. Caldereta, y vino, que no faltara. Las siguientes actuaciones de mozos ya tendrían un cariz distinto. Comienzan las celebraciones solsticiales propiamente dichas. Las Enramadas De noche, como si de ladrones se tratase, en grupo, los mozos buscaban cuatro álamos de los que a orillas del río, dentro de fincas particulares o en el término del vecino pueblo de Covaleda, se encontraban, procurando fuesen rectos y frondosos. Después de cortados, eran llevados al pueblo y colocados en dos puntos muy particulares: - Uno a cada lado de la entrada de la Iglesia - Uno a cada lado de la entrada del Ayuntamiento. Ni que decir tiene, que el hecho de cortar, transportar y colocar estos árboles, junto con algunas ramas que tenían igual origen, en determinados lugares del pueblo, pudiera dar pie a distintas lecturas e interpretaciones. El hecho de cortar los árboles a escondidas, lejos el pueblo y aunque sobre el hecho en cuestión los propietarios de los árboles hiciesen la vista gorda, pareciese en parte un acto de rapiña, pudiera encerrar distintos significados. En principio, este hecho, es algo que incumbe en todo momento al grupo de mozos. Es algo identificativo de una situación, una edad y un estado. Por otra parte la forma de llevarlo a cabo, encierra una intención de darse a conocer, de mostrar determinadas competencias y manifestarlo ante la comunidad. De ahí que no se eligiera cualquier árbol, sino que estos habrían de ser rectos, esbeltos y frondosos. Cabría plantearse también el por qué álamos, cuando es una especie arbórea que no prolifera demasiado en el entorno. Tal vez hubiera que volver a reincidir sobre la intencionalidad de fondo, mostrar ante los demás unas determinadas competencias. La finalidad última sería la ornamentación del pueblo cara a la fiesta, si tenemos en cuenta que, además de los álamos, se colocarían enramadas, también de álamo, en algunos lugares del pueblo por donde habría de pasar más tarde la procesión, así como coronando la cruz de la plaza, donde además se colocaría, la más de las veces, un ramo de flores. Los Ramos Si la colocación de las enramadas de álamo es algo que atañía al común del mocerío, algo muy distinto ocurrirá con los ramos. Ramos cuya finalidad, la mayor de las veces, era de manifestarse a nivel personal e individual ante una moza determinada. Aquí cabrá distinguir entre ramos puestos a mozas más o menos comprometidas con alguno de los mozos, son, podemos decir, los ramos del novio para la novia, que son incluso en forma y ornamentación distintos, pues algunas veces junto al ramo aparecía algún presente (rosquillas, almendras, confites...). Y por otra parte los ramos de reconocimiento, que serán puestos por un mozo anónimo en la ventana de una moza, de la cual no se conoce compromiso, pues de lo contrario se respetaría. También se respetaba el caso de ser el segundo a la hora de colocar el ramo a una determinada moza. De forma que se esperaría a tiempos mejores para agasajar a la dama en cuestión. Es de resaltar la situación entre jocosa y divertida, y en otras ocasiones, si había lugar a ello, de castigo, para alguna de las mozas, el no ponerle ramo o en su defecto, que éste fuera de ortigas y cardos. De forma generalizada, pocas eran las mozas que quedaban sin ramo, y eso sí, la colocación del ramo, casi siempre producía en la moza que lo recibía, si no estaba comprometida, un interés o deseo por enterarse de quién lo había colocado. Día de Fiesta Si la noche de vísperas ha sido intensa para el mocerío, durante el día de fiesta sus actuaciones serán menos relevantes en el sentido de formar parte de una tradición. Esto no quiere decir que el mayor peso de la fiesta en cuanto a algarabía, alegría, a veces desmedida y un poco descontrolada se refiere, no sea la más de las veces obra del grupo de mozos. Sin embargo su presencia tendrá relevancia en el toque de diana, donde al son de la música recorrerán el pueblo parándose ante las casas de las autoridades o en aquellas en las que residían los que con motivo de las fiestas visitaban el pueblo, sobre todo si eran gentes venidas de América. La intención era doble: por un lado se daba reconocimiento a la posición de relevancia, dentro de la comunidad, a estas personas, y por otro se solicitaba algún dinero que nunca venía mal para las arcas del colectivo, y que al igual que los dineros de otra procedencia se dedicarían a sufragar los gastos de los festejos de mozos. Otro de los momentos en que la presencia de los mozos, no como colectivo, pero sí a nivel individual y en representación de dicho colectivo, tiene cierta relevancia, será el momento de la procesión. Tanto a la hora de portar el 'Ramo de San Juan', como a la hora de llevar los estandartes y pendones en la procesión. El resto de la fiesta discurrirá en un ir y venir por el pueblo asistiendo a otros dos momentos estelares de la celebración, pero estos con connotaciones exclusivamente sociales, el juego de frontón por la tarde y el baile por la noche.
LAS MOZAS A la hora de hablar de mozas hay que apuntar que no son reconocidas como grupo definido, tal vez lo único que las una sea su edad y estado, podríamos decir también, la juventud. La verdad es que analizar la participación, como grupo, del elemento femenino en la fiesta es un tanto más complejo. Podríamos significar que su participación como elementos agentes se limita a adornar, presentar el Ramo y cantarlo. Sin embargo, están presentes, como se ha dicho con anterioridad, en las actuaciones de los mozos, sobre todo la víspera, como lo estarán en la fiesta de confraternización de mozos y mozas el día 29 de junio, festividad de San Pedro. Las mozas son receptoras a nivel individual y personal del agasajo de los mozos en la 'noche de San Juan', cuando en forma de ramo, reciben el reconocimiento del novio o mozo anónimo. Pero serán grupo y se unirán como tal para vestir el Ramo, ofrecerlo y cantarlo. Cabría, tal vez, aquí, hacer un análisis del hecho significativo, de que el Ramo, algo profano, que surge del pueblo y que incluso puede tener connotaciones nada próximas al culto religioso. Es presentado en lugar sagrado por la mujer. Más concretamente por la mujer joven, doncella. Tal vez pudiera interpretarse este hecho a partir de la mayor religiosidad de la mujer. Pero hay que considerar también que el sentido de primicia tiene una relevancia extraordinaria en todo lo referente a la ofrenda del Ramo, y de ahí que sean mozas y no casadas las que asumen el papel de oferentes. Si quitamos estos momentos, el resto de la fiesta, serán las mozas, con carácter individual, un agente más en la ejecución de la fiesta.
EL RAMO Es el centro de la fiesta. Está unido al momento de la fiesta donde todo el pueblo es partícipe. Aparece como un elemento profano unido al pueblo que festeja y relacionado con su forma de vida y el entorno donde ésta se desarrolla. Un elemento que es ornamentado y revestido de un simbolismo particular, en torno al que se centra el sentir del pueblo y que es presentado en la iglesia ante el patrón. Es una manifestación donde lo profano y lo sacro se entremezclan. Donde lo profano se sacraliza y lo sacro tiene tintes de profano. Por otro lado aparece como la contraposición de dos fuerzas o poderes. Uno civil, el pueblo, unido en ayuntamiento representado por el Ramo, frente a la Iglesia, quién recibe el presente bajo la advocación de San Juan, ante quien el pueblo presenta su ofrenda. A la hora de hablar del Ramo no nos podemos quedar únicamente en estas apreciaciones, sino que será bueno analizar otros elementos, que forman o están relacionados directamente con él, como son: el soporte, la donación y su significado, la ornamentación, el canto y la desmantelamiento. El Soporte Si analizamos los Ramos de los últimos años veremos que el soporte es el pino, pero si nos retrotraemos a tiempos pasados, descubrimos como el pino, para nada aparece como soporte del Ramo. Este hecho aparentemente es un contrasentido, pues no deja de ser el pino, y en el caso del Ramo, pino joven o pinocho, el árbol que domina el entorno. Por otro lado es un árbol siempre verde y cuajado, y por que no, era la base de la economía del pueblo. Tal vez a la luz de estas consideraciones, podamos buscar una serie de justificaciones de por qué, el pino, tradicionalmente, no servía de soporte a las ofrendas del Ramo. Primeramente habrá que apuntar, que el hecho de ser abundante haga que por si mismo pierda el cariz de ofrenda. Se ofrece algo costoso, algo que se salga de lo común e incluso, aunque su valor material sea menor, que suponga un mayor esfuerzo conseguirlo. Por eso tal vez el árbol elegido como soporte, la mayor parte de las veces era un acebo. Y cómo algún mayor del pueblo recuerda, un acebo que había que ir a buscar a bastante distancia del pueblo. Ponía el ejemplo de cómo en alguna ocasión, el recordaba ir a buscar el acebo para el Ramo al monte de 'Santa Inés', y por el lugar que decía, dista el paraje concreto unos 15 Km. del pueblo. En alguna otra ocasión a falta de acebo como soporte, incluso se llegaba a prefabricar el Ramo. Y así, sobre un mástil construido por el carpintero, se colocaban ramas de pino en agujeros hechos al efecto, con lo que se creaba un Ramo sin necesidad de cortar un pinocho. En este hecho, además de la interpretación dada referente a la búsqueda de un soporte que se saliera de lo normal, tal vez pudiéramos entrever otra matización, ésta de carácter económico. Hoy la economía del pueblo no depende en gran medida de los montes y del pinar, un pinocho más o menos carece de importancia. Pero si analizamos la forma de vida del pueblo no hace muchos años, tal vez podamos decir cómo "un pino más o menos", no tenía el mismo sentido, sino que desde el primero al último se creía necesario preservar todos los árboles. No en vano la base económica del pueblo era el pinar.
La Ornamentación Antes de la ornamentación del Ramo, la cual se realizará la víspera, las mozas comenzarán a reunirse, tiempo antes, para ensayar el 'Canto del Ramo'. Siempre habrá alguien que asuma el papel de preparadora y supervisora de los ensayos, los cuales se realizarán entre el jolgorio típico de un grupo de jóvenes en reunión, pero con la consciencia de que ha de prepararse bien, para, el día señalado, no desmerecer en su interpretación. A esta preparación de los 'Cantos del Ramo', seguirá el encargo explicito para las mozas de adornar el Ramo la víspera de la fiesta. Los adornos significan una constante en lo referido a su forma y contenido, y los Ramos se han venido adornando de forma similar desde tiempo atrás. A las cintas de colores, algunas bordadas en seda, hay que añadir un crespón con los colores de la bandera nacional sobre la que figura la fecha de su donación, 24 de Junio de 1898. Pero incluso aquí resulta llamativo las afirmaciones hechas por algunas personas mayores, de como, durante los años de la IIª República, era un crespón republicano el que coronaba el Ramo. De nuevo nos encontramos con la presencia del poder civil frente al sentido religioso que a posteriori se dará a la ofrenda del Ramo. Estos ornamentos se utilizarán todos los años y solo serán sustituidos por otros de similares características ante su deterioro. Llaman la atención los demás elementos ornamentales que, hoy no tienen mayor relevancia, pero que en un análisis retrospectivo, si pudieran tenerla. Los adornos comunes son roscas, hoy bañadas en azúcar y de producción industrial. Antaño eran roscas y roscos de producción casera y que en ocasiones no iban más allá de simples roscos de aceite. Pero no son estos adornos los que llamarán la atención, sino los adornos realizados con frutas. Es la presencia de cerezas y naranjas lo que de alguna forma llama la atención. Hoy no son difíciles de conseguir, pero antaño la presencia de estos frutos entre los adornos-ofrenda del Ramo daban a este un cierto cariz de relevancia, que pudiera estar relacionado con las intenciones de quien era "el pagano" del Ramo. Así como el empleo de algo único o extraño que confiere mayor valor a la ofrenda. Llama la atención la presencia de estas frutas que seguro, no hace muchos años, serían difíciles de encontrar en la zona dentro de los canales normales de comercialización. Hay que reseñar que son estas dos frutas un tanto antagónicas. La naranja, fruta que no es de temporada y las cerezas, primicia de las frutas de temporada. Otro de los adornos que se repetirá, será, la ofrenda de velas que penden de las ramas bajas del Ramo. Cabría hacer notar la importancia de la cera en la economía eclesiástica de hasta no hace muchos años, junto con el monopolio en la producción y elaboración, que aportaba pingües beneficios. De ahí que todo Ramo que se preciase habría de llevar esa ofrenda en forma de cera. Pero si los adornos son importantes, no lo es menos el hecho de saber quién es "el pagano" del Ramo. Aunque el oferente es el pueblo y hoy el 'pagar el Ramo' ni que decir tiene no es necesario a nivel particular, y creo ni aún sería bien interpretado a determinados niveles. Hasta no hace mucho, la ofrenda, dependió en determinadas épocas de la existencia de un pagador, "pagano". En el siglo pasado, esta función era asumida, casi de forma continua, por los emigrantes de América, y más concretamente, a través de la Sociedad Filantrópica de los hijos del pueblo emigrados a América. Posteriormente sería asumida de forma personal por alguno de los emigrantes de los que en estas fechas solían visitar el pueblo. De un tiempo a esta parte, se puede decir que aunque el Ramo se autofinancia, el ayuntamiento como institución, asume parte de los costos. Aunque esto, pueda resultar interesante, creo que la existencia de la ofrenda del Ramo es anterior en el tiempo a la presencia de indianos entre gentes del pueblo, hecho que tendrá su mayor auge desde mediados del siglo XIX. Y tal vez, estas personas no hicieran sino retomar alguna costumbre anterior a la propia realidad de su situación de emigrantes, y que posiblemente estuviera relacionada con la existencia en el pueblo de una emigración estacional, ligada bien a la trashumancia de los ganados, como a las empresas de carretería, de gran importancia en el pueblo. Y es que en el trasfondo de la donación se pudiera ver una doble intencionalidad. Por un lado, un agradecimiento a los bienes recibidos y ofrecimiento de un presente al patrón del pueblo en el momento del retorno. Pero tal vez, en la forma de la donación, el oferente, trate de buscar en sus paisanos ese reconocimiento a su buena suerte y a su fortuna, por la que ha tenido que luchar lejos de su tierra, a la que regresa, y de la que, en la distancia, nunca se ha olvidado.
Ofrenda y Canto El día de la fiesta, ante el volteo de campanas llamando a misa mayor, las mozas se congregan en el Ayuntamiento ataviadas con el traje de piñorra, y desde allí, acompañadas por la autoridad, saldrán con el Ramo hacia la Iglesia. En este momento encontramos nuevamente la presencia de los mozos en la fiesta. Pero una presencia un tanto callada, pues será de manera individual. Un mozo, la más de las veces de motu propio, es el que asumirá la función de portar el Ramo desde el Ayuntamiento a la Iglesia y durante la procesión. El Ramo llegará a la Iglesia, donde será introducido entre cantos de ofrenda, y pasará a ocupar un lugar privilegiado dentro del recinto, pues se situará desde el principio en el presbiterio. Al entrar en la Iglesia Ya siente el pecho la calma de este lugar de consuelo donde la oración del alma tranquila vuela hasta el cielo Al tomar el agua bendita Vos sois la fuente más clara remanso de agua bendita donde el cristiano se para y bebe gracia infinita Al subir a la grada San Juan no os cause extrañeza si alegres todas cantamos es por que todas pensamos que hasta cantando se reza Al pie de la imagen Oh¡ quién fuera ruiseñor para cantar con ternura cadencia del alma pura suspiros del corazón Quién pudiera en un momento deshojar todas las flores y en torrentes de colores darle vida al pensamiento Pero solo humildemente este ramo te ofrecemos con muestra reverente del amor que te tenemos He aquí esa conjunción entre lo profano y lo sacro a la que con anterioridad se ha hecho referencia. Son las mozas las que ofrendan el Ramo, pero es siempre relevante la presencia de las autoridades en primer término como representantes del pueblo que canta y ofrece el Ramo a su Patrón. Sobre los 'Cantos del Ramo', hay constancia de dos versiones distintas. Una de finales del siglo pasado o principios de éste, y la que el la actualidad se canta, que es una refundición de los primogénitos cantos y que su origen está en los años cuarenta. Lo que sí es cierto, es que la ofrenda y canto del Ramo existe con anterioridad a este siglo, y también seguramente habrán existido otras versiones y letras del Ramo. En las letras de Ramo más antiguas es donde se descubre la importancia que tienen distintos grupos representativos del pueblo en el momento de la ofrenda. Es el caso de los indianos y emigrantes, tan numerosos en estas épocas, los cuales aparecen como un grupo más por el que se ruega al Patrón. Amparad a los ausentes que hay de Salduero emigrados luchando están con la suerte por venirse repatriados Muchas leguas los separa de su querido lugar y en este día glorioso nunca te olvidan San Juan Se descubre también la existencia de una cofradía en honor de San Juan, la cual desaparecería en los años de la Guerra Civil. En estos cantos también a ella se hace referencia, no así en los más recientes. Una cofradía que además de otras actuaciones propias recogidas en sus estatutos, serían algunos de sus miembros los encargados de sacar al santo en procesión, así como de portar los estandartes propios. Y sería el mayordomo de la misma el que, portando un bastón de plata marcharía delante del Ramo en la procesión y ocuparía un lugar de relevancia en todos los actos celebrados en honor del Santo. A mayordomos y hermanos de esta Santa Cofradía rogad Bautista por ellos y el camino del bien sigan También serán las autoridades civiles reconocidas como tales en las rogativas al Santo, y para no ser menos, lo mismo serán las eclesiásticas. Bautista colmad de gracia a nuestro párroco amado y salud para que esté en el pueblo muchos años A la autoridad civil echadle la bendición tengan acierto supremo para acabar su misión Y finalmente se presentarán rogativas al santo en favor de todos aquellos artífices y partícipes de la ofrenda. A los mozos que este ramo de llevarlo se han dignado os pedimos Precursor por buen camino guiadlos Protegedlos Patrón nuestro a los oyentes amados y sus ruegos y oraciones sean del cielo escuchados A estas doncellas San Juan dadles vuestra protección y es un momento propicio de echarles la bendición. Es llamativo, como después del ofrecimiento y de las rogativas a las que hemos hecho referencia, los cantos que entonarán las mozas se adaptarán al discurrir de la liturgia en la misa. El vestido de Piñorra Si algo cabe resaltar en la presencia de las mozas en el 'día de San Juan' es su indumentaria a la hora de cantar y ofrecer el Ramo. Es el único día del año en el que las mozas visten el traje de 'piñorra'. Esta indumentaria que tradicionalmente puede ser considerada como el traje de fiesta por excelencia adquiere en estos momentos un carácter de relevancia. El atavío femenino se lleva sobre ropa armada y almidonada. Lo forman un jubón de seda negra con mangas que en el puño recogen una puntilla plisada, falda de merino con tres terciopelos distantes del bajo unos 25 cm., y unos 6 cm. entre si, delantal de brocado negro, adornado con abalorios, puntilla y madroños también negros y mantón de merino bordado en colores. Los accesorios están formados por medias blancas y zapatos de paño o ante negro, manteleta o mantilla de seda negra con borde de terciopelo que cubría la cabeza en la Iglesia y una cinta de terciopelo negro con una cruz pendiente del cuello. Debe llevarse con peinado adecuado: raya en el medio con dos rodeletes de trenzas en las orejas o el moño llamado de picaporte trazado atrás adornado con una cinta negra de largos bordes.
La Procesión Si hubiera que determinar algún momento donde el poder civil y religioso conjugasen sus posiciones y actuasen desde un mismo plano este sería el de la procesión. El poder civil afirma su presencia, muestra de ello será que la procesión siempre irá encabezada por los pendones, símbolo del pueblo, de su identidad, que la manifiesta al frente de las procesiones, estas manifestaciones religiosas donde se expresa y recoge la religiosidad popular. Justamente detrás de los pendones aparecerán los fieles flanquean do los demás motivos procesionales. Centrados en la procesión y a continuación de los pendones irán los estandartes o símbolos religiosos. Primero el de la 'Virgen de la Mayo'r y a continuación, el de la 'Resurrección' y 'San Juan'. Más atrás aparecerá la cruz procesional flanqueada por dos ciriales. A continuación irá el Ramo flanqueado por las mozas. Antiguamente era precedido por los mayordomos de las cofradías con sus bastones de mando. Y será el Santo llevado a hombros de los casados quien siga en orden al Ramo. Cuando existía la 'cofradía de San Juan', era obligación de los cofrades sacar la imagen del Santo en la procesión y solamente ellos podían hacerlo. Será por fin el sacerdote quien delante de las autoridades civiles cierre la procesión. El resto de los asistentes seguirán más o menos un orden, que será en disposición de hilera tras los pendones. La desmantelación Cuando todo el cúmulo de festejos de índole religiosa culmina, el Ramo, que ha sido presentado en la iglesia, ofrendado y que ha representado un papel importante dentro de la liturgia, vuelve al pueblo de donde salió. Sale de la Iglesia y de nuevo en procesión, pero está de carácter civil, regresa al ayuntamiento donde será desmantelado. Desmantelar hoy el Ramo lleva consigo la venta - subasta de las roscas que lo adornan. El resto de los ornamentos serán repartidos y las cintas recogidas y guardadas para años venideros. La verdad es que no hace mucho, el hecho de desmantelar el Ramo tenía otras connotaciones más positivas. Significaba un compartir lo que de él se sacaba. Hoy aquello que se saca del Ramo, de la venta de las roscas, servirá la más de las veces para una fiesta de mozas. Pero no hace mucho, cuando mozos y mozas se reunían el 'día de San Pedro' para celebrar la fiesta de juventud por excelencia, los dineros que se sacaban del Ramo, pocos o muchos, pasaban a engrosar las arcas de los mozos, de donde se sufragarían los gastos de la fiesta, que en su mayor parte serán de comida y bebida. El Ramo, una vez desmantelado y despojado de sus adornos, tendría siempre el mismo final, alimentar el fuego de 'la Sarna', momento estelar en la noche del 29 de Junio. Mozos y Mozas (Fiesta común) Con el paso del tiempo y un poco o mucho debido a circunstancias, las más de las veces, ajenas al sentir del pueblo y otras ligadas a la variación en la forma de vida de las gentes del lugar, se han ido perdiendo rasgos de identidad que arropaban a los miembros de la comunidad y que además reafirmaban su pertenencia a un grupo determinado dentro de la misma. Así, hoy, los jóvenes siguen considerándose mozos y mozas, pero las más de las veces no ejercen como tales en lo que al mantenimiento de ciertas tradiciones se refiere. Este es el caso de la desaparición, entre otras, de la fiesta de mozos y mozas fijada en el calendario el día 29 de junio. Esta fiesta giraba en torno a dos momentos importantes: El primero la convivencia en un día de campo entre mozos y mozas lejos de las miradas del resto del pueblo. Era una fiesta muy bien vista por el común del pueblo, no hay que olvidar el carácter endogámico de muchas de estas pequeñas poblaciones, y muchas veces estas fiestas de mozos y mozas eran los momentos propicios para "presentar en sociedad" esas parejas que surgían dentro del pueblo. Pero además esta fiesta en particular tenía otro momento estelar, que era la Sarna u hoguera de San Pedro. Los mozos y mozas al volver del campo traían sabinas cortadas, que amontonarían en las proximidades del río, en el paraje denominado Racho, para junto con el soporte del Ramo de San Juan, realizar una gran hoguera, que común del mocerío saltaría al mismo tiempo que decía "Sarna por ..." Comenzaban saltando los mozos de forma individual, cuando las llamas mantenían la mayor virulencia. Después saltarían las mozas, cogidas siempre entre dos mozos, que la levantaban en el momento del salto, y sería la chiquillería la que al final, cuando el fuego era poco más que rescoldos, la que saltase el fuego. Ese fuego que es fuerza y purifica. Ese fuego que en la mente de las gentes que viven en y del pinar, es su gran enemigo. Pero ese fuego al que se le rinde culto en la Sarna y al que se le concede el privilegio de cerrar las fiestas solsticiales, para poder decir en el último instante, "de hoy en un año". Tal vez, para finalizar, cabría pararnos a analizar el o los por qué de la desaparición de esta fiesta. El primero, me atrevo a fijarlo en la apertura del pueblo hacia el exterior. Los jóvenes cada vez menos tienen su forma de vida ligada al pueblo o dependiendo de él, lo que dificulta su presencia física en el día señalado para la fiesta. El segundo, la despoblación paulatina que ha sufrido el pueblo, lo que hace que el número de jóvenes sea cada vez menor. El tercero, se podría relacionar con la introducción de formas de diversión distintas en el ámbito rural, que a partir de determinados momentos primaran en las apetencias de los más jóvenes. Será más apetecible una noche de discoteca o pub que juntarte con los mozos y mozas del pueblo en un día de convivencia. La pena, es que estas "tradiciones" sólo se retomarán en parte, y la mayor parte de las veces de forma descafeinada, cuando se sienta la necesidad de autoafirmar o reafirmarse uno en su propia identidad como miembro del pueblo, y que las más de las veces se hará, cuando uno esté lejos de él. FRANCISCO ANDRÉS VELASCO Nace en Salduero, en 1959. Profesor de Educación Primaria en el colegio "La Salle" de Valladolid, Licenciado en Historia. Ha realizado cursos de posgrado en la especialidad de estudios sobre la tradición en la universidad de Valladolid. El cariño hacia su pueblo, y un poco la añoranza de él, es lo que le ha movido a la recopilación de distinto tipo de información sobre usos y costumbres de Salduero y de la comarca de Pinares. Éste artículo, muy descriptivo y minucioso, se sumó a los dedicados en "Revista de Soria" a la etnografía de la provincia. Se publicó en el nº 18 (1997). A él pertenecen los derechos de autor correspondientes y a la citada publicación. Las fotos son de Ángel Almazán y corresponden al Ramo de 2003. |
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