LA VIRGEN DE INODEJO Y SU ROMERÍA (1)
SENÉN ANDRÉS ROMERO - 6/15/2003

Es una de las romerías "vivas" de Soria, con una gran "concordia" de pueblos que se reúnen en el santuario de la Sierra de Inodejo, en Las Fraguas, el Domingo de la Trinidad (junio) y el segundo domingo de septiembre.
 


SITUACIÓN GEOGRÁFICA




El santuario de Inodejo está situado en el punto medio de la sierra del mismo nombre, allí donde el paisaje es desolador: una pequeña explanada pedregosa y árida, pelada, bajo un monte de encinas al sur, y entre varios km. de yermos y eriales, "como un héroe numantino, sólo él queda enhiesto, resistiendo los embates del abandono y el cierzo".


En el ombligo de la provincia: a 28 km. de la ciudad de Soria por la C.N. 122 camino a Valladolid, en el término municipal de Las Fraguas, Arciprestazgo de Soria.



LA APARICIÓN



De los datos que podemos conjugar acerca de la historia de Ntra. Sra. de Inodejo, el más difícil y oscuro a ciencia cierta es el de su aparición. No podemos decir otro tanto de su veneración, puesto que la devoción a la misma pronto se extendió por toda la provincia, y de todos los puntos, distantes o no, han acudido romeros a postrarse a los pies de la Virgen.


La escasez, o mejor la ausencia de documentos relativos a la aparición, el espacio intermedio de tantos siglos como nos separan de la misma y, por último, la misma naturaleza de su aparición que se presta a elaboraciones fantásticas, impiden la precisión histórica del hecho milagroso de la aparición de María de Inodejo.


No obstante, basándonos en la tradición popular y añadiendo por nuestra parte algunas conjeturas en ningún modo inverosímiles, intentaremos ilustrar el acontecimiento que supuso el nacimiento de la devoción a la Virgen de Inodejo.


No nos consta el nombre de la persona que tuvo la dicha de ser visitada por la Madre del Cielo. Sí sabemos, en cambio, la profesión y la procedencia del mismo: un pastorcillo natural de Las Fraguas; y añade otro dato la sencilla leyenda campesina: dicho pastor era manco de la mano derecha y sus padres le habían dedicado al cuidado de las ovejas por no poder ejecutar otros trabajos propios de la tierra.
De sol a sol, por montes, atajos y laderas, el pastorcillo
alimentaba pacientemente su ganado, en una tierra pobre y pelada, de gentes pobres y sencillas. Y a este joven pastorcillo le cupo la suerte de ser portador de un mensaje del cielo.




Pastoreando tranquilamente un día descubrió un extraño resplandor que salía de una encina, contemplando más de cerca a la Virgen Santísima. Turbado quedaría el buen zagal ante visita tan sublime e inesperada. Mandóle la Virgen que fuese a llamar a su padre, con quien quería hablar. Obedece prontamente el joven; pero, al encontrarse con su padre, éste le recrimina por haber dejado abandonado el rebaño, por lo que le ordena que vuelva a su majada. Por segunda vez la Virgen le expone sus deseos de dar un mensaje a su padre, pero el pastor replica que le es imposible abandonar las ovejas.


Cuando esto hablaban, ve que una de las ovejas se aparta del resto y le arroja una piedra. La Virgen le pregunta por qué no ha usado la mano derecha, a lo que el pastorcillo contesta: "Señora, hace tiempo que me falta".


"!Tírale con ella!", insiste la celestial Señora, y de repente se ve el pastor con la mano que le faltaba, usando de ella con toda facilidad.

Tiempo le falta al zagal para llegar al pueblo y comunicar tan alegre nueva. El suceso se extiende rápidamente por todo el pueblo, y una muchedumbre acompaña al pastorcillo al lugar de la aparición, donde encuentran a la Santísima Virgen sobre la encina, en torno a la cual pacía tranquilamente el rebaño.


Manifestó María su deseo de que le construyesen un templo y la venerasen en él, prometiéndoles en recompensa su auxilio y protección.


Como habían acudido gentes de muchas partes, deseosos de tener tan grande honra y gloria en su pueblo, todos ofrecían colocarla en su parroquia y edificarle un templo lo más pronto posible. Los vecinos de Villaciervos, Villabuena, Las Cuevas, Camparañón... decían a la Virgen: "Nosotros le haremos un templo". Y a todos contestaba lo mismo: "¿Y si no dejo?". En estas cosas caminaban por la sierra hasta que, llegados al punto donde hoy se encuentra el santuario, una fuerza misteriosa les impidió avanzar, suceso en el que vieron la voluntad de la Virgen de edificar en aquel sitio.


El pastor se quedó de ermitaño de la Virgen, sirviéndola durante toda su vida en agradecimiento al beneficio de haberle restituído la mano que le faltaba.


Esta es la leyenda que corre en boca de las gentes. Sin pretender arrebatarle todo su valor y hondura religiosa, intentamos esbozar una conjetura que salga al paso de las versiones demasiado fantásticas con que se ha explicado la aparición de Inodejo y presente los hechos desde un ángulo más verosímil. Repetimos que se trata de una hipótesis, sin respaldo documental o científico, pero que se dio repetidas veces en otro santuarios marianos.


"La tradición de Inodejo se remonta a lejanos siglos, quizás al noveno o décimo de nuestra era. En tal caso, la devoción popular le había levantado un pequeño templo ornado con la imagen de la Virgen. Mas en el seno de Castilla ocurrió un fenómeno que trastocó de modo gigantesco la vida normal del reino; la invasión musulmana. Ante el fanatismo religioso de la morisma, las sencillas gentes de los pueblos aledaños al santuario vieron un peligro inminente para la venerada imagen y la escondieron en el hueco o entre el ramaje de una encina u otro árbol. Muchos años pasaron en la ocupación árabe. Cuando los reyes castellanos los arrojaron hacia el sur, la Virgen quiere ser de nuevo honrada públicamente y se produce el hallazgo milagroso en el hueco de una encina. Un hallazgo similar al de tantas imágenes de la Virgen escondidas por los cristianos ante el terror mahometano".




EL NOMBRE





La opinión comúnmente aceptada relaciona el nombre de Inodejo con las palabras que la tradición pone en boca de la Virgen en su aparición. Cuenta la leyenda que contestaba a los lugareños que querían edificarle un templo en su municipio: "¿Y si no dejo?". Estas palabras se fueron deformando y uniendo en el transcurso de los años y pasó a designar la advocación de Ntra. Sra. de Inodejo. También se acepta generalmente que la sierra donde se levanta el santuario recibió desde entonces el mismo nombre. La designación, pues, de ambos lugares corre pareja a lo largo de la historia.


Existen datos, sin embargo, que nos hacen dudar respecto al origen primitivo del nombre de Inodejo. Anteriormente a este nombre, en los escritos aparece repetidamente la palabra Nodejo. En los documentos más antiguos que se conservan, pertenecientes al siglo XVIII, es nombrado el santuario de Nodoxo.


"Así leemos en un acta testamentaria de 1738: '... y teno otra tierra en el ondo de Nodacín de quatro medias de sembradura que alinda por el regañón el camino que va de Ntra. Sra. de Nodoxo a Villaciervos'. ¿A qué se debe esta derivación del primitivo nombre hasta el que hoy día se halla en uso? Y suponiendo los años que distan entre el dato anteriormente aludido y la fecha de la aparición de la Virgen, ¿no resulta ciertamente imposible, dada la ausencia de datos concretos, encontrar la primera advocación de nuestro santuario? El origen podría ser latino (inno-dexo) o topográfico (en la tierra donde está enclavado crecen millares de hinojos, pequeñas hierbas -buen pasto- que darían nombre a la imagen). De todas formas, la nube del tiempo nos oculta este dato importante de nuestra historia.


Inodejo, Etimología...? Si al prefijo vasco 'in' que significa acción, se sigue la palabra 'Odei', entonces indica nubes y tormentas. Inodejo sería un nombre íbero: 'inodei', que se altera por la pronunciación mozárabe en 'Inodejo'.


Hoy se atribuye a la Sierra de Inodejo la formación de tormentas que son muy temidas por sus resultados. La Virgen de Inodejo sería la "Virgen de las Tormentas o contra las Tormentas".




LA IMAGEN



Se trata de una talla en madera policromada, posiblemente tilo, y base de pino. Mide 46,5 cms. de alta, 21 cms. de ancha y 16 cms. de fondo. Representa a la Santísima Virgen sentada en un trono sin respaldo, asiento que se asemeja a una cátedra, en ademán de amamantar al Niño, sentado a su vez sobre la rodilla izquierda de su divina Madre. Esta le presenta el seno con la mano derecha, mientras que con la izquierda sostiene a Jesús, quien dirige su mano derecha hacia el pecho de María, en tanto que sobre su mano izquierda sujeta un globo.


Mantiene la imagen una actitud amorosa y maternal en el gesto y en su rostro joven, un tanto melancólico, como si presintiera la Pasión de su Hijo.


"Muy interesante por estar en ademán de amamantar al Niño, perteneciendo a una época todavía temprana en España para este tipo de devoción a la 'Virgen de la Leche' o 'Virgen de Ternura'. Que nosotros sepamos, en la época medieval, no hay más que otra imagen de este tipo en la Diócesis, la de Valdanzo; pero ésta es muy posterior. Acaso esta de Inodejo puediera ser, si no la decana, una de las más antiguas de España en esta actitud".


Es de resaltar el gesto gracioso del Niño, con su pie derecho sobre la rodilla de su Madre. Ambas figuras, que forman una unidad, están totalmente vestidas, excepto los pies descalzos del Hijo.


"El aspecto que ofrece la obra no es uniforme. Nos encontramos ante una talla del siglo XIII que ha sido modificada a lo largo de su historia en distintas ocasiones. Estas modificaciones nos darían un resultado de una base general pintada a partir del siglo XVI sobre la que aparecen retoques puntuales en los oros, repintes de los azules y negros y repolicromados en las carnaciones de los rostros y manos.


Sobre la imagen original se practicó una modificación drástica que se podría fechar en el siglo XVI afectando a la policromía y a la talla. Se modificó el volumen de la cara de la Virgen pecho, mano y brazo, aportando unos rasgos anatómicos más naturales. También se suplementó la base con un añadido de madera de pino dando una mayor altura a la figura. Se realizó un repolicromado general mque aportaba una nueva unidad a la obra".


Viste el Niño una sencilla túnica monocroma, que solo descubre de su anatomía la cabeza, las manos y los pies.


La Virgen lleva una túnica semejante, de un solo color, con pliegues rectos, salvo en su extremo inferior que se ondula sobre sus pies. La túnica se ciñe con un cinturón ancho y bellamente decorado. Sobre esta túnica, lleva la imagen un manto azul que, desde la cabeza, baja recto hasta las rodillas, donde se tercia en escasos pliegues. Los pies de la Virgen aparecen bajo el borde de la túnica, calzados con unos borceguíes cerrados y puntiagudos. Cubre su cabeza con una diadema fija sobre el manto, que anteriormente debió ser corona completa. Sin embargo, sus radios o flores han desaparecido; sin duda fueron hojas de poca altura de forma trebolada, como era tradicional en todas las imágenes coetáneas. El Niño no lleva corona sobre su cabeza.


Los personajes van cobrando desenvoltura, especialmente la figura del Niño vuelta hacia el pecho de su Madre, aspecto impensable en el románico. Sin embargo conserva resabios de este estilo, de la forma románico-bizantina en el hieratismo del rostro de la Virgen con la mirada hacia el frente, sometida la figura todavía a la ley de la frontalidad típica del románico. Es todo esto lo que nos lleva a situarla en el período de transición o todo lo más en los primeros años del gótico, como muchas otras de Castilla, Aragón y Navarra, territorios vecinos a Soria.


De lo que no podemos dudar es, aparte de su valor religioso acentuado a lo largo de los siglos, de su inapreciable valor artístico.

En unos momentos en que las obras de arte cobran mayor valor material y ante la oleada de desaprensivos que sin escrúpulo ninguno se dedican a robar imágenes religiosas, y a esto añadimos el hecho de que el santuario de la Virgen de Inodejo se encuentra aislado en una sierra y fácilmente accesible, se vió que esta joya del siglo XIII corría serio peligro y el consiguiente riesgo de perderla. Esto es lo que movió a la Junta General de la Concordia a encargar a la Hermandad de Amigos de Inodejo a sustituir la actual imagen por otra de igual factura, conservando la auténtica a buen recaudo en un lugar seguro y digno.


Con motivo de la próxima Coronación Canónica de la Virgen de Inodejo, la Junta de Castilla y León afrontó la restauración de la imagen.


Con fecha 24-V-1996, la Dirección General de Patrimonio y Promoción Cultural de la Junta de Castilla y León hizo entrega a la Concordia de Ntra. Sra. de Inodejo de la imagen restaurada por D. Carlos Tejedor en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas.



EL ARTISTA



Como de tantas otras imágenes de la Santísima Virgen de fecha contemporánea y anterior, desconocemos el autor de la bellísima talla de la Virgen de Inodejo.


Cierto autor de nuestros días hace una interpretación cargada de profunda religiosidad:


"Estando un escultor a punto de terminar de labrar una estatua hermosísima de María, cayó en éxtasis y oyó la voz de María que le decía: '¿Quieres que tu imagen sea venerada y querida por muchas generaciones?'. El corazón del artista se entusiasmó y su contestación se dejó sentir: 'Sí, quiero, será mi orgullo'. La voz de la Virgen le repitió: '¿Quieres que esta estatua reciba millones de besos fervientes y cálidos, que ante ella lloren miles de cristianos rezando con fervor?. ¿Quieres que generaciones de hombres, de mujeres, de niños la admiren por su belleza, por lo milagrosa?'. El pecho del artista estallaba de gozo y volvió a asentir a las palabras de la Señora. La voz de la Virgen se oyó ahora más tenue: 'Si así lo quieres, tu fama, tu orgullo, tu nombre deben quedar en el anonimato'. El escultor sintió un tremendo escalofrío, meditó con serenidad y, dejando caer el cincel, besó su imagen y dijo: 'Hágase como tú quieras'" .


Por ese motivo aquellas Vírgenes cuyo culto está más extendido son de autor desconocido.




EL SANTUARIO



Dada la antiquísima devoción de la Virgen de Inodejo, es fácilmente presumible que haya existido por lo menos un santuario anterior al que hoy existe.


"En un documento que hemos encontrado en el archivo de las Clarisas de Soria, que es una Bula de Gregorio XV, de 1621, ejecutada en 1644, se dice: 'Barias grazias e yndulgenzias conzedidas a los cofrades de la Cofradía de Ntra. Sra. de Nodoxo, sitta en el término del lugar de Las Fraguas, xuridizión de esta ziudad de Soria; en donde ay tradizión estubo fundado primero este combento de Nuestra Madre Santta Clara'. Sabemos documentalmente que las Clarisas de Soria se establecieron en la ciudad en 1.286. Por tanto, su estancia en Inodejo sería anterior; y, por ello, un primitivo santuario dataría del siglo XIII. Restos de un despoblado se han encontrado también a unos 400 metros al norte de la actual ermita".


Probablemente de época románica, lo mismo que la imagen que lo enorgullece, estaría situado bajo la arcada de entrada actual a la iglesia o en un lugar cercano a la fuente.


Pero de lo que no podemos dudar es de que este santuario sería un edificio de noble planta, en atención a la devoción que tenían a la Virgen y por las mandas y legados que le hacían, llegando a poseer considerables riquezas.


Si atendemos a su situación geográfica, vemos que el lugar de Inodejo se encuentra en despoblado, en medio de peladas sierras. Esto nos hace presumir que el antiguo santuario debió ser grande y capaz de contener a los pueblos de la Concordia y a otras muchas gentes que acudían a las romerías y rogativas, a fin de poder estar a cobijo, libres de las inclemencias del tiempo, tormentas y fuerte viento que allí azotan.


Desconocemos cómo y cuándo desapareció el santuario primitivo. Don Rafael Lafuente, en un artículo publicado en el periódico "SORIA Hogar y Pueblo", apunta los motivos que posiblemente determinaron su ruina:
"Según la tradición, afirma el Sr. Lafuente, contribuyeron a la desaparición varios factores que hicieron imposible la permanencia de aquella comunidad Franciscana Concepcionista que allí se establecieran al amparo de la Virgen de Inodejo y de la caridad de los pueblos comarcanos. La dureza del clima, las grandes nevadas que cubrían estos páramos, los largos inviernos hacían imposible toda clase de asistencia, arriesgando la vida el padre confesor que desde Soria se atrevía a desafiar estos temporales y a cruzar en cabalgadura los 25 kms. que separan a Soria de Inodejo".


El santuario actual es una iglesia de estilo Renacimiento. Data de 16OO y su edificación es sobria y reducida a su máxima sencillez. Está formada por una sola nave de 31 metros de larga por 7,8O de ancha. Presenta un crucero que sobresale muy poco de la nave principal. En esta parte su anchura es de 1O,6O metros y está situado muy cerca de la cabecera. El cruce de ambos está cubierto por una cúpula vaída sin linterna de cuatro robustos arcos de medio punto. El resto del templo está cubierto por un sencilla bóveda de medio cañón asegurada de tramo en tramo por arcos fajones que se prolongan en los muros laterales en forma de pilastras adosadas.


En el fondo de la iglesia se halla el coro, sostenido por un hermoso arco rebajado de piedra.


En 1978 se llevó a cabo una pintura general.

Existen, además, dos edificaciones adosadas al santuario: la sacristía y el camarín.




El texto fue publicado en Revista de Soria, nº 17, Verano de 1997 y se ha publicado en "Soria y Más" por gentileza de su autor, al que corresponde el copyright oportuno. Las imágenes fueron tomadas en la romería del 15 de junio de 2003.

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