EL ENIGMA TEMPLARIO DE EUNATE (Navarra) (1)
MIGUEL A. MARTÍNEZ ARTOLA - 4/7/2003

El autor de este ensayo adscribe Eunate al Temple. En esta primera parte habla sobre el Camino de Santiago, el origen del Temple, los enclaves templarios navarros y las cofradías de constructores.
 


¿Un misterio para el olvido?


A pocos kilómetros de Puente la Reina, en el valle de Ilzarbe, se encuentra uno de los monumentos más importantes del románico peninsular. Aislada en el campo se alza la ermita de Eunate. El edificio es uno de los puntos clave del Camino de Santiago, dada su proximidad a Puente la Reina, donde confluyen los distintos caminos que, desde Somport y Roncesvalles, llegan a la localidad navarra para transformarse en uno solo que discurre hasta Santiago de Galicia. El templo, románico del siglo XII, encierra todavía el misterio indescifrado de su origen. Frente a su catalogación como capilla funeraria, se alzan las voces de los que pretenden para Eunate una génesis templaria, dando a su arquitectura una simbología esotérica. Eunate, las "Cien Puertas", pertenece, tal vez, a uno de esos lugares iniciáticos que centran las especulaciones de todo tipo de investigadores. Arte, Historia y Simbología se dan cita en esta capilla arropando el misterio de lo desconocido.

Antes de comenzar su estudio, haremos un recorrido por su entorno histórico, artístico y simbólico.



El Camino de Santiago



La ruta iniciática y de peregrinación más importante de Occidente es el Camino de Santiago. El descubrimiento de la tumba del Apóstol en el siglo IX, da lugar al nacimiento de una vía de comunicación espiritual y cultural que atraviesa Europa hasta Compostela. Parece ser que hacia el año 813, el monje Pelagio descubre el sepulcro, autentificado después por Teodomiro, obispo de Iria Flavia. Inmediatamente se pone al día la leyenda que hace a Santiago eva,ngelizador de España y al que sus discípulos transportan hasta las costas de Galicia tras ser decapitado en Jerusalén por Herodes. Pero el gran propagador y difusor del Camino y el culto al Apóstol es el obispo Diego Gelmírez, que traslada la sede a Compostela y la transforma en arzobispado. Se construye la catedral románica y se crea una auténtica mitología en torno al Camino.


Tradicionalmente, el Camino tiene sus cabeceras en Francia, en las ciudades de París, Vezelay, Le Puy y Arlés. En ellas comienzan los caminos franceses que convergen en Puente la Reina, en Navarra. Pero el Camino no es sólo una ruta de tránsito. En su entorno, y auspiciados por los monjes de Cluny, se van creando hospitales para peregrinos, iglesias, ermitas, catedrales y castillos. Los maestros constructores labran las piedras del Camino, construyen templos y dejan sus marcas en los sillares de las iglesias. Los capiteles de los templos reflejan toda la espiritualidad de la Edad Media y también la simbología alquímica y transmutadora del espíritu. En el siglo XII, el clérigo A ymeric Picaud escribe el "liber Sancti Jacobi", llamado también "Codex Calixtinus" que, entre otras cosas, constituye una auténtica guía turística de la Ruta Jacobea.


El Camino se convierte en la más maravillosa universidad itinerante de la Edad Media: literatura, arte, historia, mística... todo el saber medieval se da cita en el Camino. En él tiene lugar el cultivo del románico y el gótico que tratan de sublimar el espíritu de los peregri­nos a través de la arquitectura: la mística convertida en piedra. Pero junto a los templos que transmiten los conocimientos de esta universidad itinerante, aparecen las granjas, las encomiendas, los castillos... y en ellos se asientan las Ordenes Militares que vigilan el Camino. A su sombra, las Hermandades de Constructores se amparan en las exenciones que disfrutan las Ordenes para transmitir su mensaje en piedra; por eso las iglesias y ermitas no son solamente lugares de culto. De entre las Ordenes Militares establecidas en el Camino destaca por su im­portancia la Orden del Temple.



Origen de la Orden del Temple




El año 1118, nueve caballeros franceses mandados por Hugo de Pyns, hacen votos ante el patriarca de Jerusalén y se constituyen en comunidad para defender los caminos que conducen a la Ciudad Santa y proteger a los peregrinos que viajan a visitar el Santo Sepulcro. En 1128 se reúne el Concilio de Troyes presidido por Mateo, obispo de Albania, en el que los caballeros se organizan como Orden Militar y Religiosa y se les dota de una Regla redélctada por San Bernardo de Claraval, sobrino de Andrés de Montbard, uno de los compañeros de Hugo de Payns. El rey Balduino II y los canónigos del Santo Sepulcro les ceden como residencia parte del antiguo templo de Salomón" del que tomarán el nombre de Templarios.


Hugo de Payns, primer Gran Maestre de la Orden, recorre Europa y regresa a Jerusalén con 300 caballeros reclutados entre las familias nobles de Occidente. A partir de entonces comenzará el auge de la Orden que llegará a poseer más de 900 casas y 20.000 miembros. Sometidos a una dura y rigurosa disciplina monástica y pese a estarles prohibidos los bienes personales, los Templarios acumularán a lo largo de dos siglos enormes fortunas y grandes posesiones, fruto de numerosas donaciones y conquistas militares. Mientras en Oriente los caballeros Templarios, junto con Hospitalarios y Teutónicos, constituyeron el brazo armado de la cristiandad en su lucha contra los árabes, en Occidente desarrollaron una labor eminentemente civilizadora, impulsando el gótico, intensificándolos sistemas de producción en sus granjas y encomiendas, poniendo en juego comercial la letra de cambio, siendo ban­queros de reyes y grandes señores y todo ello sin descuidar la lucha que mantenían en España contra la dominación árabe.



Templarios en Navarra




Muy pronto hubo Templarios en España, pues, según Garibay, en 1129 ya estaban asentados en Castilla, y la península se dividió en dos provincias para la Orden: Portugal-León-Castilla y Aragón-Cataluña. Los Templarios intervinieron activamente con los reyes cristianos en la reconquista de los territorios ocupados por los moros. De esta forma, la Orden se sitúa en castillos como Grañera y Monzón y colabora en la conquista de Valencia, Sevilla y Mallorca, participando en hechos de armas tan importantes como la batalla de las Navas de Tolosa. Las donaciones lIueven sobre la Orden y en el Camino de Santiago, a las puertas de Galicia, dísponen de uno de sus más importantes castillos: Ponferrada.


En Navarra sucede un hecho de suma importancia y que da medida de la fama y prestigio de la Orden entre los reyes cristianos. En 1131, Alfonso el Batallador otorga testamento en el cerco de Bayona, teniendo efecto tres años más tarde al morir el rey en la batalla de Fraga. Por este testamento, don Alfonso divide su reino entre las Ordenes de Hospitalarios, Sepulcristas y Templarios, cediendo también a éstos su caballo y sus armas. Naturalmente, la Orden no entró nunca en posesión del legado testamental pero recibió a cambio posesiones y encomiendas. Sancho el Sabio de Navarra concedió a los Templarios los terrenos de Fontellas y el monasterio y hospital de Ribaforada y en 1171 les donó la villa de Aberin, cerca de Estella, donde tuvieron importante encomienda. También es de señalar un privilegio de García VI de Navarra dado en 1149 en Tudela, el año en que conquistó Tauste, concediendo a los Templarios exención de lezda y portazgo en todo su reino.


Pero fue en Puente la Reina, núcleo del Camino de Santiago, donde los Templarios poseyeron su casa central y donde residía el prior de toda Navarra. En esta villa, famosa por el puente mandado construir tal vez por Doña Mayor para el paso de los peregrinos, tuvieron los Templarios el Convento y Hospital del Crucifijo, fundado por el rey García Ramírez en 1142. Se trata de una capilla de una nave con ábside semicircular y portada ojival con motivos vegetales y animados en las arquivoltas que algunos interpretan como símbolos de la muerte iniciática y la inmortalidad. Pese a la importancia y poder que tuvieron los Templarios en España, cuando la Orden fue suprimida por el papa Clemente V a instigación del rey de Francia Felipe el Hermoso tras el indigno proceso a que fueron sometidos, sus bienes en Navarra fueron cedidos por el rey Luis Hutin, hijo de Felipe el Hermoso, a la Orden del Hospitál de Jerusalén.



Maestros, Compañeros y Símbolos



Principalmente entre los siglos XI y XIV tiene lugar el auge del románico y el gótico. Ambos estilos son sagrados, pero no basta con ver en los monumentos solamente la belleza formal del edificio. El arte de los Maestros de obras no era un arte gratuito: la bóveda, los pilares, los nervios que se entrecruzan, los arcos, todos los elementos arquitectónicos tienen una significación. Jambas, arquivoltas y capiteles, tímpanos, arbotantes, contrafuertes, pináculos... todos están orien­tados para hacer del templo románico o gótico una estructura única y original. El templo es la armonía, la fuerza mística que por medio de la arquitectura transformará el espíritu del creyente produciendo el accésit divino. Nada es gratuito en el Arte Sagrado. Las esculturas y relieves de arquivoltas y capiteles transmiten una espiritualidad constante y también un conocimiento por medio del simbolismo.


Las Hermandades de Constructores poseen el conocimiento de la arquitectura simbólica y lo transmiten en la piedra. Las marcas de cantería guardan aún el secreto de las Hermandades que recorrieron el Camino de Santiago v deiaron sus huellas en los monumentos que construyeron. La Astrología, la Al­quimia y la Mística están representadas en capiteles, tímpanos y relieves de los templos románicos y góticos. Protegidos por Cluny, el Císter y, posiblemente, el Temple, los Maestros de obras labran un conocimiento iniciático en la piedra de las iglesias a base de símbolos, donde los monstruos, animales y plantas tienen un significado específico que los adeptos deben saber identificar y descifrar.




Artículo: EL ENIGMA DE EUNATE - Miguel A. Martínez Artola - Mundo Desconocido, nº 65, Nov.1981. Al autor y revista pertenecen los derechos de autor del texto.

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