LIBRO DE LA FILIACIÓN ESPIRITUAL (1)
Ángel Almazán - 11/29/2002

Comentarios del traductor sobre este libro de Ibn al Arabi tan importante para despejar incognitas sobre sufismo: cadenas iniciáticas, Esoterismo/Exoterismo, virtudes a practicar...
 

NOTAS VARIAS DEL TRADUCTOR, Ángel Almazán, sobre "El libro de la filiación espiritual" o la "cadena iniciática" y la "vestimenta de la piedad" de la que habla Ibn´al Arabi




La traducción se ha hecho sobre "Le libre de la filiation spiritualle", que es a su vez, una traducción al francés, por parte de Claude Addas, de un manuscrito de la obra de Ibn Arabi, "Kitab nasab al-khirqa" (cotejándolo con otros), cuyo original data O. Yahia en el año islámico de 633 (1236 d.C). El libro de Addas fue editado por "Al Quobba Zarqua" e impreso en Casablanca (Marruecos), en el año 2000. Y creemos que la nuestra es la primera traducción al castellano que se difunde públicamente de este opúsculo akbariano . Traducción en la que esperamos no haber cometido error esencial alguno al trasladarlo al español (en verdad que nuestro conocimiento del francés es pequeño y data de nuestra época estudiantil del Instituto). En esta traducción hemos prescindido de las notas complementarias de C. Addas al texto del libro, que esclarecen algunos términos o referencias coránicas o a hadizes por parte de Ibn Arabi. Cabe agregar, por otro lado, que la obra publicada en Marruecos incluye la reproducción del libro en su lengua árabe.


Estimamos muy necesario dar a conocer este pequeño gran libro de Ibn Arabi al lector de lengua hispana interesado por el sufismo y por el esoterismo e iniciación tradicional. Particularmente hemos querido difundirlo a través de nuestro foro Eranos, por cuanto sabemos que hay muchas personas subscritas al mismo muy interesadas en las materias reseñadas anteriormente, algunas de las cuales son coordinadores a su vez de diversos foros y páginas Web (a las que ya mismo permitimos el traslado de nuestra traducción con sus aclaraciones, citando su procedencia internáutica). Y ello es así por cuanto creemos que "El libro de la filiación espiritual" puede aclarar numerosas cuestiones a todos los interesados en estos temas tradicionales, a la par que dejará al descubierto errores interpretativos por parte de algunas personas, tergiversaciones doctrinales, equívocos, cuando no falsedades y manipulaciones incluso en algunas cuestiones de singular importancia al respecto de la iniciación y las cualificaciones necesarias para que ésta se lleve a efecto y se desarrolle posteriormente.

[Añadimos ahora para "Soria y Más] esta imagen de la tumba de Ibn al Arabi en Damasco, fuente de "influencia espiritual" todavía para algunos "elegidos"]


El texto de Ibn Arabi viene a dejar claro que de nada sirven los rituales de iniciación en órdenes regulares esotéricas si no existe la cualificación personal requerida para que la baraka (influencia espiritual) de la iniciación tenga efectividad en el iniciado. Y tal cualificación comporta un comportamiento determinado, que se desarrolla de múltiples maneras, y que Ibn Arabi reúne, acopia, aglutina o incluye dentro de una "vestimenta", de un "ropaje", de una khirqa (hirqa o jirqa) genérica y esencial, llamada "la vestimenta de la piedad" ("labisa al-khirqa").

Ninguno de los lectores, imaginamos, dudará respecto a la alta cualificación espiritual iniciática alcanzada por Ibn Arabi, nuestro murciano universal, al que llaman los sufies con el apelativo de "as-Sayh al-Akbar" ("el más grande de los Maestros"). Así que, si una persona como él, que tuvo tan preclaros conocimientos de la Gnosis y estuvo tan próximo a Dios caminando en la vía iniciática del Islam, afirma que la condición "sine qua non" para subir por los peldaños de la Iniciación es "labisa al-khirqa"..., ¿quién somos nosotros, aprendices de aprendices, para decir lo contrario o menguar su alcance con un "sí.., pero..." intentando seguir en "nuestros trece", o sea: continuar cerriles en nuestra soberbia ignorancia ...?

La iniciación es el ritual que inicia un Camino espiritual esotérico a seguir dentro de una o varias "cadenas iniciáticas regulares" determinadas. Mas para que lo potencial se convierta en acto es preciso tener "la vestimenta de la piedad", y ello conlleva ser un "hombre bueno", orar y tener un trato constante e íntimo con el Señor, y ser un vasallo suyo y celoso guardián de la "excelencia" en su comportamiento como miembro de la Caballería Espiritual, la única Caballería en la que, en lo que a nosotros respecta, confiamos algún día pertenecer.

Reseña C. Addas que, en el prólogo, Ibn Arabi destaca uno de sus "motivos" esotéricos más profundos: la ascensión hacia Dios o mi´raj. Y le sigue la alusión a la asunción humana de los Nombres de Dios (teomorfosis). En los fundamentos coránicos no habla del pacto primordial de la Hudaybiyya, sino que se centra en la "vestimenta de la piedad" como prototipo de la hirqa, y recuerda el hadiz qudsi referente al corazón del Siervo de Dios como habitáculo de Dios, y, al que adopta como su vestimenta, su hirqa (lo cual es el verdadero fundamento de la investidura de la hirqa, según afirma categóricamente Ibn Arabi).
En correspondencia, revestirse con los Nombres de Dios es la labor iniciática a desarrollar, y para ello, entre otras cosas, hay que actuar como un "hombre bueno", llevando a cabo esa serie de prescripciones exotéricas y esotéricas que conforman las cualificaciones requeridas para la investidura de la hirqa, prescripciones que tienen como fuente originaria un Nombre excelente de Dios, Rahma, la Misericordia, merced al cual existe todo lo creado por Dios. Así mismo, en tales prescripciones se refleja la asunción de otros Nombres de Dios (distintos a Rahma) por aquél que realice dichos mandatos, y ahí radica, a nuestro modo de ver, el fundamento esotérico de las actuaciones exotéricas de la sunna islámica y, en lo que ahora respecta y estamos tratando, los actos virtuosos que surgen de la "vestimenta de la piedad". Esta asunción paulatina de los más bellos Nombres de Dios pone en claro, cuando menos para nosotros, las relaciones entre esoterismo y exoterismo, a la par que nos recuerda aquél dicho de san Pablo referente a que la fe sin actos es una fe muerta, o dicho de un modo gnóstico: el conocimiento teórico sin la "vestimenta de la piedad", es insuficiente y no permite la "ascensión por los siete cielos ... y más allá".

En un poema, Ibn Arabi refiere lo siguiente respecto a la investidura de su hirqa a una de sus discípulas, Safiyya:

"He revestido a Safiyya de la khirqa de los pobres
Pues ella está adornada de los aderezos de los umana ("los que son dignos de confianza").
Ha realizado toda virtud, se ha desprendido
De lo que es contrario con gran celo igualmente.
Ha perfeccionado y santificado sus cualidades.
Y ha asumido todos los Nombres divinos.
Los espíritus están presentes en su oratorio,
Pues ella es la Virgen, hermana de la Virgen..."

Quisiéramos también llamar la atención acerca de las cuatro cadenas iniciáticas en las que fue investido con la khirqa Ibn Arabi. La primera tiene entre sus eslabones a varios imames shiitas (desde Ali b. Musa al-Ridda hasta Ali, en la escala ascendente). La segunda es una silsila uwaysi, que es de las más excelentes del Islam, y que también es alida. La tercera es khadiriya, y la cuarta lo es con mayor intensidad puesto que el mismo Khadir reviste con ella a Ibn Arabi. ¡Casi nada...!.

Sobre la Hirqa, dice Claude Addas, en "Ibn Arabi o la búsqueda del azufre rojo": "Se trata de un rito iniciático que puede adoptar otras formas (talqin ad-dikr, ‘ahd, musabaka...)- por medio del cual el discípulo queda ligado a su maestro, quien le transmite su baraka, su influjo espiritual, haciendo de él un nuevo eslabón de una cadena (silsila) ininterrumpida que remonta hasta el Profeta....

El carácter ahistórico de algunas cadenas se explica por el hecho de que la transmisión de la baraka puede efectuarse entre la ruhaniyya, la "presencia espiritual", de un sayh muerto hace décadas y un murid (aspirante) que nunca lo ha conocido personalmente; de trata entonces de una vinculación del tipo uwaysi...
Precisemos, no obstante, que el término hirqa, hábito, no debe ser tomado literalmente: la investidura no se traduce necesariamente en la práctica por la transmisión de un manto o de cualquier otra vestimenta, sino que puede aplicarse -ese será el caso para Ibn´Arabi en Oriente- a un turbante o a un simple trozo de paño".

La primera investidura de la hirqa la recibe Inb Arabi en Sevilla, en 586/1190. La segunda investidura de la hirqa la tuvo en La Meca (599/1203) y dos años después, una tercera, en Mossul; investidura esta última que le hará ampliar su conocimiento acerca del esoterismo del revestimiento de la hirqa. Al respecto, Claude Addas, indica que "si en su sentido más general esta investidura es solamente el símbolo de la entrada en el gremio, del aprendizaje iniciático, es igualmente, según Ibn´Arabi (en un sentido más restringido y más técnico), el medio para el maestro de operar una transformación inmediata en su discípulo".

La investidura de Mosul, de la silsila khadiriana, le hizo comprender un aspecto profundo de la hirqa que hasta entonces desconocía, como confiesa en sus "Iluminaciones de la Meca" (y así lo refleja igualmente en el texto que hemos traducido más arriba):

"A partir de entonces, sostengo (la validez y el carácter operativo de) la investidura por medio de la hirqa y he revestido con ella a varias personas, pues constaté que Khadir [Jadir, el Verdeante] la tenía en gran consideración. Antes, yo no era partidario de la investidura mediante la hirqa tomada en este sentido puesto que a mis ojos era tan solo el signo de la entrada del aprendiz en el `compagnonnage´ (...) Los maestros de los estados espirituales tienen costumbre, cuando constatan en alguno de sus discípulos alguna imperfección y desean perfeccionar su estado, de reunirse a solas con dicho discípulo. Entonces el maestro toma la vestidura que lleve puesta, en el estado espiritual en que él se halla en tal momento, se la quita y luego se la pone al discípulo que quiere conducir a la perfección. Lo estrecha a continuación contra sí y el estado del maestro se expande en su discípulo, el cual alcanza de tal forma la perfección que anhela. Esa es la `vestidura´ tal y como la entiendo y como nos la han transmitido nuestros maestros".

Esta hirqa la transmitió Ibn Arabi a dieciséis personas, de los cuales tan solo dos eran varones, y a la mayoría de ellas la investidura la realizó mientras él SOÑABA.
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