Cosmología medieval resumida por Campbell
Joseph Campbell - 4/30/2013

He aquí una breve relación cosmológica medieval escrita por el mitólogo Joseph Campbell que viene a complementar la que publicamos del "Ymago Mundi" del cardenal Pierre d´Ailly (1320-1420). Una cosmología que se plasmó en los templos de modos diversos
 


En plena Edad Media, digamos entre los siglos XII y XIII, eran corrientes dos conceptos muy diferentes sobre la Tierra.

El más popular era que la tierra era plana como un plato, rodeada y flotando en un mar cósmico sin límites, lleno de todo tipo de monstruos peligrosos para el hombre. Se trataba de una noción infinitamente vieja, que se remontaba a la Edad de Bronce, y que aparecía en textos cuneiformes sumerios del 2000 a. de C., siendo la imagen autorizada en la Biblia.

No obstante, el concepto medieval más seriamente considerado era el de los antiguos griegos, de acuerdo con los cuales la Tierra no era plana, sino una esfera sólida estacionada en el centro de una especie de caja china de siete esferas transparentes, en cada una de las cuales se hallaba un planeta: la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno, los siete a partir de los que reciben nombre los días de la semana.

Los sonidos de estos siete configuraban una música, la "música de las esfera", a la que corresponde nuestra escala diatónica. También existía un metal asociado con cada uno: plata, mercurio, cobre, oro, hierro, estaño y plomo, en ese orden. El alma que descendía desde el cielo para nacer en la Tierra adquiría, al llegar abajo , las cualidades de dichos metales, por lo que nuestros cuerpos y almas están compuestos de todos los elementos del universo y cantan, por así decirlo, la misma canción.

De acuerdo con dicha visión, tanto la música como las artes iban a permitirnos sintonizar con dichas armonías, de las cuales nos distraían los pensamientos y demás asuntos de esta tierra. En la Edad Media, las siete ramas del conocimiento estaban asociadas a dichas esferas: gramática, lógica y retórica (conocidas como "trivium"), aritmética, música, geometría y astronomía (el "quadrivium"). Por su parte, las esferas cristalinas no eran -como el cristal- de materia inerte, sino que estaban compuestas de poderes espirituales vivos, presididos por seres angélicos, o, como dijo Platón, por sirenas. Más allá de todo lo anterior, se hallaba ese luminoso reino celestial en donde Dios se sentaba con toda majestad sobre su trono; así que al llegar la muerte, el alma regresaba a su creador, pasando de nuevo a través de las siete esferas, y cada una de ellas iba dejando la cualidad correspondiente para llegar al juicio totalmente desnuda. Se suponía que en la tierra gobernaban el emperador y el Papa de acuerdo a las leyes y voluntad de Dios, representando su poder y autoridad en la comunidad cristiana.
Así pues, en la visión global de los pensadores medievales existía un perfecto acuerdo entre la estructura del universo, los cánones por los que se regía el orden social y el bien individual. A través de una incuestionable obediencia, el cristiano se ponía en sintonía no sólo con su sociedad sino también con sus mejores intereses internos y con el orden externo de la naturaleza. El Imperio Cristiano era un reflejo terrenal del orden celestial, organizado jerárquicamente, con las vestiduras, tronos y procedimientos de sus cortes inspirados en la imagen celestial, conformando las campanas de sus catedrales y las armonías de los coros un eco de tonos terrenales, reflejo de los angélicos.

En la Divina Comedia, Dante desarrolló una visión del universo que satisfizo perfectamente tanto las nociones religiosas como científicas de su tiempo. Cuando Satán fue expulsado del cielo a causa de su orgullo y desobediencia, se supone que cayó como un cometa incendiado y que, cuando colisionó con la Tierra, lo hizo justamente por el centro. El prodigioso cráter que abrió se convirtió en el inflamado pozo del infierno; la gran masa de tierra desplazada por el choque apareció en el polo opuesto, convirtiéndose en la Montaña del Purgatorio, que Dante representó exactamente en el Polo Sur. En su visión, todo el hemisferio sur estaba formado por agua, con esa montaña sobresaliendo y en cuya cima se hallaba el Paraíso Terrenal, de cuyo centro manaban los cuatro ríos de los que hablan las Sagradas Escrituras.


Nota: el texto se ha transcrito del libro de Joseph Campbell Títul "Los mitos. Su impacto en el mundo actual" (Kairos, 1993), que recomendamos tener en la biblioteca personal. A ellos pertenecen los derechos de autor correspondientes.



Enlaces relacionados:
- Astrología medieval en "Ymago Mundi"de Pierre d´Ailly (1320-1420)
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