Mitología de la constelación de Virgo
VV.AA - 4/15/2013

Hesíodo, Arato, Eratóstenes, Ovidio y Germánico -entre otros- escribieron sobre Astrea,Dike, Justicia que, desilusionada de la decadencia de la huamanidad, abandonó este planeta y ascendió a los cielos transformándose en Virgo
 

Hesíodo - "Los Trabajos y los Días" (siglo VI a.C)



Después de que la tierra hubo escondido esta generación, Zeus Cronida suscitó otra divina raza de héroes más justos y mejores, que fueron llamados Semidioses en toda la tierra por la generación presente. Pero la guerra lamentable y la refriega terrible los destruyeron a todos, a unos en la tierra Cadmeida, delante de Tebas la de las siete puertas, en tanto combatían por los rebaños de Edipo; y a los otros, cuando en sus naves fueron a Troya, surcando las grandes olas del mar, a causa de Helena la de hermosos cabellos, Ios envolvió allí la sombra de la muerte. Y el Padre Zeus les dio un sustento y una morada desconocidos de los hombres, en las extremidades de la tierra. Y estos héroes habitan apaciblemente las islas de los Bienaventurados, allende el profondo Océano. Y allí, tres veces por año, les da la tierra sus frutos.

¡Oh, si no viviera yo en esta quinta generación de hombres, o más bien, si hubiera muerto antes o nacido después! Porque ahora es la Edad de Hierro. Los hombres no cesarán de estar abrumados de trabajos y de miserias durante el día, ni de ser corrompidos durante la noche, y los Dioses les prodigarán amargas inquietudes. Entretanto, los bienes se mezclarán con los males. Pero Zeus destruirá también esta generación de hombres cuando se les tornen blancos los cabellos. No será el padre semejante al hijo, ni el hijo al padre, ni el huesped al huésped, ni el amigo al amigo, y el hermano no será amado por su hermano como antes. Los padres viejos serán despreciados por sus hijos impios, que les dirigirán palabras injuriosas, sin temer los ojos de los Dioses. Llenos de violencia, no restituirán a sus viejos padres el precio de los cuidados que de ellos recibieron. El uno saqueará la ciudad del otro. No habrá ninguna piedad, ninguna justicia, ni buenas acciones, sino que se respetará al hombre violento e inicuo. Ni equidad, ni pudor. El malo ultrajará al mejor con palabras engañosas, y perjurará. El detestable Zelo, que se regocija de los males, perseguirá a todos los míseros hombres. Entonces, volando de la anchurosa tierra hacia el Olimpo, y abandonando a los hombres, Edo y Némesis, vestidas con trajes blancos, se reunirán con la raza de los Inmortales. Y los dolores se quedarán entre los mortales, y ya no habrá remedio para sus males.


Arato en "Fenómenos" (siglo III a.C)



Bajo los pies del Boyero puedes observar a la Virgen, que sostiene en la mano una espiga floreciente. Tanto si ella es del linaje de Astreo, de quien dicen los antiguos que es el padre de los astros, como si lo es de algún otro, que siga tranquila en su ruta. Pero entre los hombres circula otra versión; que antes vivía en la tierra y venía abiertamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo.

Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta Discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del combate; vivían sencillamente; el peligroso mar quedaba a un lado, y las naves no iban lejos a buscar el sustento, sino que los bueyes, el arado y ella misma, la Justicia soberana de pueblos, suministraba todo abundantemente, ella, la dispensadora de bienes legítimos. Esto duró mientras la Tierra aún alimentaba a la raza de oro.

Mas con la de plata, poco y de mala gana se relacionaba, pues echaba de menos la manera de ser de los pueblos antiguos. Pero a pesar de ello, todavía estaba presente durante la edad de plata: al atardecer descendía de los montes rumorosos, solitaria, y no se comunicaba con nadie con palabras amables, sino que cuando había cubierto de hombres inmensas colinas, los increpaba entonces censurando su perversidad, y decía que ya no vendría más a la presencia de quienes la llamaran: «¡Cuán degenerada descendencia dejaron vuestros padres de la edad de oro! Pero vosotros engendraréis unos descendientes peores todavía. Entonces ocurrirá que habrá guerras y, de cierto, también muertes impías entre los hombres: el dolor caerá sobre sus faltas». Después de hablar así, se encaminaba de nuevo a las montañas y abandonaba a todas aquellas gentes que la seguían todavía con la mirada.
Pero cuando aquéllos murieron, nacieron éstos, la raza de bronce, hombres aún más perversos que los anteriores, los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos, los primeros que comieron la carne de los bueyes de labor. Entonces la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo; y a continuación habitó esta región donde de noche aparece todavía a los mortales como la Virgen, cerca del esplendente Boyero.

Encima de sus dos hombros gira una estrella [cerca del ala derecha; y se llama el Heraldo de la Vendimia] de tal magnitud, y dotada de tal brillo, como la que se ve debajo de la cola de la Osa Mayor; ésta es deslumbradora, como también lo son las estrellas cercanas; una vez que las has visto no necesitas buscar otro punto de referencia, tal y como ruedan delante de sus patas que prolongan los hombros, otra delante de las que descienden desde los ijares, y otra, en fin, debajo de las rodillas posteriores. Pero todas evolucionan independientes, cada cual por su sitio y anónimas.


Eratóstenes - (Cirene, 276 a. C. – Alejandría, 194 a. C.)



Hesiodo la considera hija de Zeus y Temis y la llama Dike. El mitógrafo Arato se hace eco del relato de Hesiodo y narra que en un principio era inmortal y que vivía en la Tierra con los hombres, quienes la llamaban Justicia. Pero como los hombres se pervirtieron y dejaron de respetar la justicia, los abandonó y se retiró a la montaña. Más tarde, como los hombres se enzarzaran en guerras y revueltas civiles, ella los aborreció definitivamente por su desprecio a la justicia y ascendió al cielo. Se cuentan además muy diversas historias sobre ella: afirman unos que era la diosa Deméter, porque lleva una espiga; otros que Isis, otros que Atárgatis, y otros que Tyche, por lo que la representan sin cabeza. Tiene una estrella sin brillo sobre la cabeza, una sobre cada uno de los hombros y dos en cada ala; la de la derecha, situada entre el hombro y el extremo del ala, se denomina Protigéter1; también presenta una sobre cada codo (la que se halla en el izquierdo es muy brillante y se denomina Espiga) y una en el extremo de la mano. Al filo del manto tiene seis, de poca luz, y una en cada pie. Suman un total de veinte.



Germánico - "Aratea"



[Se conserva un aparáfrasis o versión suya en hexámetros latinos de los "Phaenomena de Arato" (siglo III a C.) que escribió Su obra después del 14 d.C., año de la muerte de Octavio Augusto. Dice así (120-33)]:

“Pero desde que creció la edad de plata, más horrenda, (Justicia) visita menos las ciudades manchadas por los fraudes y de tarde en tarde desciende desde los excelsos montes con su rostro velado y ocultando bajo su velo sus mejillas entristecidas, no está junto a lar de nadie ni junto a los penates. Sólo, cuando notó al vulgo tembloroso y a su muchedumbre, les increpa diciendo: ‘¡Oh raza olvidada de sus padres primeros, ójala degeneres siempre y siempre hayas de vivir mermada! ¿Por qué me invocáis con súplicas a mí, cuya práctica te es ajena? Debo buscar una nueva sede para mi; cederé vuesta edad en manos de rudas costumbres y de crímenes cruentos’. Tras proferir estas palabras, se aleja con su alado curso sobre los montes, dejando a los pueblos atónitos, temiendo desgracias mayores”.



Metamorfosis - Publio Ovidio Nasón (43 a. C. – 17 d. C.)



[Tras aparecer la Edad del Hierro] La piedad yace derrotada, y la Virgen Astrea ha abandonado, última de las divinidades en hacerlo, esta tierra empapara en sangre.

© 2002 EDITORIAL SOTABUR. Todos los derechos reservados.