II Simposio Internacional Ibn Arabi de Murcia, Ana Crespo y el develamiento imaginal de los colores
Ángel Almazán sobre textos de Ana Crespo - 3/12/2013

Ana Crespo centró su ponencia en el camino sufi teñido de colores que acompañan al Caminante en su Interiorización y Ascensión hacia el Ser, como les acontece er a los artistas creativos que recurren a la himma del Corazón
 

La segunda ponencia del II Simposio Internacional Ibn Arabi de Murcia la impartió en la mañana del 8 de marzo Ana Crespo bajo el título de "La cualidad develadora de la Imaginación. En busca de los tesoros de los colores", retomando en la exposición parte de lo escrito en su tesis doctoral. Su presentador y moderador del debate fue Alfonso Carmona, Catedrático de Estudios Árabes (UMU).

Ana Crespo es Doctora en Bellas Artes y artista multidisciplinar, cuenta con una amplia trayectoria expositiva internacional iniciada en Europa finales de los 80. Su investigación estética se recoge en varios libros como "El Zen en el arte: la mirada interior" (Madrid, 1997), o sus dos últimos estudios sobre el simbolismo del color en el sufismo, "Los Bellos Colores del corazón: color y sufismo", Madrid, 2008 y "Rojo, verde, blanco y negro, las cuatro ramas del Árbol del Universo" (Madrid, en prensa). Asimismo imparte docencia en la J.C.C.M, Escuela de Artes Plásticas y Diseño, en la toledana Talavera de la Reina.
Ana Crespo comenzó su disertación advirtiendo que "cuando nos asomamos al legado de Ibn Arabí desde la óptica de la creación en las artes plásticas,es sorprendente la magnitud de las posibilidades que se abren ante nosotros,incluso referidas a metodología e intención creativa. "Y prosiguió señalando que para Ibn Arabí, "símbolo e imaginación creadora, son mucho más que cuestiones importantes" puesto que se encuentran en la misma raíz y base de su sutil cosmología. "A través de la Imaginación Creadora el iniciado retorna a su Origen, y lo hace imaginando cada vez formas más y más luminosas, más nítidas. Conoce a Dios en su visión de Él", aseveró.

Y si Guénon desveló que el proceso cosmogónico es análogo simbólicamente al iniciático, Ana Crespo nos reseña que "los mismos principios que sustentan la explicación del proceso de cosmogénesis, así como los métodos de retorno al centro divino, guardan una relación analógica con el proceso de creación artística".
El atanor en el que se desarrolla el germen de la Creatividad basada en la Imaginación (con mayúsculas) es el Corazón sutil, donde están "las infinitas posibilidades en el que el ser divino puede llegar a revelarse. Y a este respecto bueno es recordar a Najm al-Din Kubra (540/1145 - 617 / 1220), en esta declaración: “La instalación de Dios sobre el Trono es equivalente a la instalación de Dios en el corazón, salvo que Su instalación sobre el Trono es en Majestad, mientras que Su instalación sobre los corazones es en Belleza”. Asimismo hay que tener presente que "el ser humano tiene la potencialidad de reflejar la Belleza divina mediante la testificación, la servidumbre a o la develación de Sus Bellos Nombres", nos aclara Ana Crespo poco en su ponencia antes de referirse al simil del ser humano como Árbol Cósmico tal y como lo describe Ibn Arabí en su opúsculo "Epístola sobre la unificación cósmica".

Y un poco después Crespo señaló que "la Esencia se revela en el corazón humano desbordándose en una continua auto revelación (Tayâlli). Esta efusión creadora es una Luz que se derrama constantemente pero dependiendo de la atención y vigilancia del ser (receptividad) y de la cualidad de pulimento de la superficie de su corazón, tendrá un “modo” particular de percibir dicha emanación. Estos modos de percepción hacen referencia a lo que ha venido a llamarse, la teoría de los centros sutiles o latîfas".
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La facultad del Corazón que acompaña el camino ascensional del sufí y del artista espiritual es la himma, que resumió Crespo como voluntad espiritual o fuerza concentrada de la Intención y que Henry Corbin, partiendo igualmente de Ibn Arabí, la define como el poder imaginal-creativo del Corazón: "Ese poder del corazón es lo que designa específica¬mente la palabra himma, una palabra cuyo contenido tal vez aclare mejor el término griego enthymesis, que signifi¬ca la acción de meditar, concebir, imaginar, proyectar, desear ardientemente: dicho de otro modo, de tener (al¬go) presente en el thymos, que es fuerza vital, alma, cora¬zón, intención, pensamiento, deseo..."
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Con esta "himma", prosiguió Crespo, "al mirar las formas con el ojo divino de la Imaginación, las esencias o los Tesoros son traídos a la existencia. Y tal como la Perla se funde de pudor bajo la mirada del ojo de la Majestad, cuando la cosa es mirada, con una mirada de Luz se derriten los velos que la ocultan. Cuando la cosa es mirada a través del ojo de la Imaginación divina, se funden sus capas terreas y se muestran los Tesoros (Esencias). Y luego los contenidos al ser develados son velados bajo una nueva forma".
¿Y en dónde se contacta con esta Imaginación Creadora? Si nos situamos en el ámbito cosmológico-teosófico akbariano cabe señalar que tal contacto, para poetas y artistas especialmente, se encuentra en la esfera de Venus y que "el viajero recibe de José las ciencias de la Imaginación Activa, aquellas que permiten tanto descifrar los secretos contenidos en las formas, como corporeizar los significados en formas hermosas. La imaginación es el calor del fuego que hace brotar el verde sanador. Un jardín en llamas. El rojo que recibe el blanco y hace germinar el verde". Y en este contexto, añade Crespo, la función del pintor consiste en "teñir lo invisible para ser percibido sobre el plano del cuadro".

Ana Crespo, que tiene alma de poeta y manos de pintora, habló seguidamente del simbolismo cuasi-alquímico del color rojo y del blanco, como acaece igualmente con el negro y el verde. Y trajo a colación este escrito de Ibn Arabí: "...Pero los corazones están, eterna e intensamente, por su naturaleza primordial, brillantes, puros y resplandecientes (espejos de Dios). De esta manera, cada corazón en donde la presencia de Dios se manifiesta como la Teofanía de la Esencia divina (al-tayâlli al-dhati) o (como los místicos lo denominan) “el Rubí Rojo”, esto es el corazón del ser humano perfecto, el (verdadero) conocedor (de Dios) él (puro) contemplador (de Dios) y no hay ninguna teofanía más alta que ella”.
El camino creativo iniciático y el del místico no tiene fin pues no han de detenerse "en el embeleso de los estados", ya que "para alcanzar la Fuente de la Vida es preciso mantener un estado de fluidez y blandura permanente, cuando el místico cree que ha llegado al final, esta cualidad fluida se cristaliza y endurece y entonces el místico, tal como le ocurre al aventajado jugador que cae en la trampa en el Juego de la Oca, debe retroceder hasta el inicio o sea al principio del viaje interior, y recobrar el estado de ductibilidad y predisposición".

Para Ibn Arabí, recalcó Crespo, el más perfecto de los estados es la permanente fluctuación de un estado a otro, Talwin, un estado de receptividad plena, pues en sus propias palabras: “Talwîn [significa] Coloración; cambio de aspecto, es desplazamiento del siervo de un estado a otro. Para la mayoría [de los que utilizan el término] representa una etapa incompleta. Para nosotros, es el más perfecto de los estados. En él, el estado del siervo es el estado que dice el Más Alto:cada día está ocupado en una nueva empresa”.

Así que Ana Crespo afirma que "este recorrer la tierra, sin detenerse ante nada, es explícitamente la función del artista... El papel del artista no es solo imaginar, sino limpiar esa imaginación de forma que acceda cada vez a imágenes más nítidas, más luminosas. La función del artista es caminar, caminar hacia la búsqueda del Tesoro, guiado por la intuición con la intención clara y sin desaliento. Y en este caminar, el artista devela y revela. Levanta velos que muestran en cada develamiento un Tesoro más luminoso, más radiante".
El proceso, dice Ana Crespo, tiene un develamiento cromático: "A través de esa cualidad develadora de la Imaginación el ser humano contempla los “Tesoros” en su manifestación Imaginal. En primer lugar se producen las contemplaciones de las formas y las imágenes, y despuésaparecen los colores. La develación de los colores interiores testifica el proceso de reintegración a la Luz. En el viaje de retorno a la Unidad la imaginación devela los diferentes colores internos, particulares difracciones de la Luz, que al atravesar los sucesivos recubrimientos del corazón, según la diferente sutileza de éstos, adopta un determinado color. Los colores nacen de este encuentro entre la luz y la sombra, tal como ocurre con la luz del sol que al atravesar la nube difracciona en los colores del arco iris, así la Luz Muhammadí difracciona en el interior del ser produciendo diferentes coloraciones. Y aunque éstas varían según la particular resistencia u opacidad del material, simultáneamente mantiene intacta su cualidad".

Dicho en otras palabras, "el itinerario del místico significa un viaje interior o ascendente orientado hacia la cualidad más luminosa del propio matiz. Esta luminosidad se consigue mediante un proceso de armonización con el resto de los matices para recomponer así la unidad indiferenciada de la luz", afirmó Ana Crespo, quien también dedicó unos minutos para hablar del simbolismo de videoarte realizado por Bill Viola.

Más todo lo hasta aquí expuesto es tan solo una síntesis de una tercera parte de su ponencia que concluyó aseverando que "el arte y la expresión creadora en el sufismo es una llamada capaz de despertar, hacer crecer y madurar el ser de luz interior. Esas cualidades que tiene el arte para ayudar a recomponer el espejo de imágenes fragmentado, en el que el ser pueda reconocer y contemplar su propia imagen. La importancia de la expresión creadora para develar y armonizar los colores interiores del ser transformándose así el peregrino en un ser de Luz. Esa rotación creadora que armoniza los distintos colores del alma transformando el derviche en el blanco de la unidad".


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