Templarios en San Juan de Otero, razones históricas de su establecimiento
Ángel Almazán de Gracia - 8/27/2012

¿Por qué motivo eclesiástico se asentó la Orden del Temple en el convento temlario de San Juan de Otero en la diócesis de Osma a unos quince kilómetros de la sede episcopal del Burgo de Osma? Sobre ello hablamos en Soriaymas
 





Antecedentes históricos


La tormenta política causada por el matrimonio y posterior divorcio entre Doña Urraca de Castilla y Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, concluyó en el Tratado de Támara (1127) mediante el cual el rey aragonés siguió siendo el señor de los territorios sorianos de la llamada Extremadura de Suso, en la que estaba incluida la Vega de Ucero y el señorío de Osma. Además resulta que por un documento foral de 1135 se sabe que la llamada Fuente del Rey, en el río Lobos, era el enclave donde se dirimían los conflictos entre los Lara y la Extremadura de Suso, y dicho lugar, según sugirió Clemente Sáenz García (1964) debía ser muy probablemente el nacedero del río Ucero, al pie de la Cuesta de la Galiana, sita a poco más de un kilómetro del pueblo de Ucero (“Homines de Lara habeant medianeto cum homines Destremadura de Iuso in Roda et cum homines Destremadura de Susso in ributo de Lopos a la fonte del rege”).

Este dato que aporta el Fuero de Lara parece sugerir que la función de “medianeo” de la Fuente del Rey en río Lobos se fundamentaba en ser mojonera entre el alfoz de Lara y la Extremadura de Suso, por lo que Ucero debía de ser una zona estrategica importante en la confluencia de los ríos Lobo-Ucero y Chico como puerta de entrada a la Vega del Ucero en la que se ubicaban, a unos quince kilómetros aguas abajo, El Burgo de Santa María (actual Burgo de Osma, sede episcopal) y la ciudad de Osma.

Alfonso I “el Batallador”, como sabemos, tuvo especial querencia por la Orden del Temple a la que dejó en su doble testamento de 1131 y 1134 –junto a las Órdenes del Hospital y Santo Sepulcro- su reino, aunque tal deseo no se llevaría a cabo finalmente. Tras el fallecimiento del Batallador (1134), el territorio soriano que tenía el aragonés pasó a Alfonso VII de Castilla, el cual recibió vasallaje como Emperador en San Esteban de Gormaz por parte de García de Navarra y Ramón Berenguer IV, en noviembre de 1146. En esta concordia política de San Esteban de Gormaz, el Emperador otorgó al maestre del Temple en España, Pedro de la Roera, y a frey Melendo, un moro exárico con su casa y heredades en Villaseca (de Arciel), “existentem inter Soriam et Almanar”. Este documento es el más antiguo que se conoce relacionado con la presencia de la Orden del Temple en el territorio soriano.


Convento Templario de San Juan de Otero



Como he señalado en multitud de escritos, diversos historiadores de la Orden del Temple en España han ido citando una bula sin fechar del papa Alejandro III (1159-1181) en la que se indica que los templarios tenían en la diócesis de Osma un convento con la advocación de San Juan de Otero. Al parecer, el primero en citarlo fue Esteban de Garibay y Zamalloa (1533-1599).
¿Dónde se encontraba este convento templario de San Juan de Otero? En 1788 el cronista diocesano Juan Loperráez Corvalán lo ubica en la ermita de San Bartolomé, en el Cañón del río Lobos, dentro del señorío territorial de Ucero. Poco tiempo antes, en 1771, el párroco de San Leonardo había remitido una carta al cartógrafo real Tomás López afirmando que dicha ermita “fue Iglesia de Templarios”. Y tres meses después, en el acta capitular del cabildo catedralicio de Osma -10 de marzo de 1772- se dice que San Bartolome había sido templaria.

Asimismo, en 1170, Alejandro III interviene en la disputa existente entre calatravos y templarios por los bienes del finado frey Fernando Núñez de Fuentearmegil (pueblo situado a unos 12 kms, en línea recta, de la ermita de San Bartolomé). Fernando Núñez de Fuentearmegil se había mudado de Orden Militar, abandonando el convento de San Juan de Otero para unirse a la Orden de Calatrava que, por cierto, tuvo posesiones en los cercanas localidades sorianas de Alcubilla de las Peñas, Berzosa y Valdealbín que estaban dentro del territorio de la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz (véase mi libro “Templarios, sanjuanistas y calatravos en Soria”, y también “Guía Templaria de Soria”).

Este frey era hermano del señor de Osma, San Esteban de Gormaz y Fuentearmegil, Pedro Núñez, quien se había casado con una hija del todopoderoso Gonzalo Núñez, conde de Lara, siendo éste el repoblador de buena parte de la comarca de Pinares, aledaña al alfoz de Lara, y del alfoz de Osma y de otros territorios sorianos, entre los cuales evidentemente se encontraba el inicio de la Vega del río Ucero.

En mi “Guía Templaria de Guadalajara” señalo que el papa Alejandro III otorgó numerosos privilegios a la Orden del Temple y que ratificó con su bula “Quam sit utilis”, de 1163, la bula “Omme datum optimum” firmada por Inocencio II, en 1139, por la que el Temple quedaba emancipada de toda autoridad eclesiástica y civil, quedando únicamente sujeta al pontíficie de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Asimismo cabe reseñar que presidió el III Concilio de Letrán (1179) y que aprobó las reglas fundacionales de dos grandes Órdenes Militares españolas - Orden de Calatrava (1164), Orden de Santiago (1175)- y confirmó la de la Orden de Alcántara.

Curiosamente las dos primeras –Calatrava y Santiago- tuvieron su génesis fundacional histórica en la provincia de Soria: la primera en Almazán y la segunda mediante un concilio celebrado en Soria (1173) al que asistió el cardenal Jacinto, legado pontificio, siendo el anfitrión y organizador Juan, obispo de Osma.


El obispo don Juan, rebelde ante Alejandro III


Gracias a Carlos Reglero de la Fuente en su ensayo “El Obispado de Osma hasga mediados del siglo XIII” (1996) y a Pedro de Pablo Aparicio en su obra póstuma “La Catedral Medieval de El Burgo de Osma” (2011) ha salido a la luz para la historiografía soriana la “historia oculta” de este obispo Juan referida a su talante rebelde ante el papado y reivindicativo, en grado sumo, de los antiguos límites de la diócesis de Osma. Estas facetas del obispo Juan eran anteriormente desconocidas por los historiadores de la diócesis oxomense. “El archivo de la catedral del Burgo de Osma es completamente mudo. Parece que no se conserva ni un solo diploma de los muchos que tuvo que haber lógicamente en relación con estos hechos… Pero, por fortuna, los sucesos de este período pueden seguirse a través de la documentación conservada en Sigüenza… que constituyen un conjunto de catorce diplomas que explican fehacientemente todo lo ocurrido en este período”, revela Pedro de Pablo. Tales diplomas fueron publicados por el obispo seguntino Minguella en veinte páginas de su crónica diocesana seguntina (1910-1913).
Todo arranca con el concilio de Burgos de 1136, en el que se restituyó al obispado de Osma gran parte de su antiguo territorio arévaco en su parte occidental del sur de la provincia de Burgos, a la par que se le agregaba la ciudad de Soria, pero en cambio toda la franja soriana al sur del Duero de la Extremadura soriana -que había sido oxomense durante el período visigodo- fue asignada al obispo de Sigüenza.

Pues bien, el obispo Juan reclamó tales territorios pese a la oposición del papa Alejandro III y logró que los clérigos y la feligresía afectada le apoyase aunque finalmente tuvo que claudicar en abril de 1165 al llegar a una situación insostenible ante la serie de graves medidas puestas en marcha por Alejandro III contra su persona.
Inicialmente Alejandro III conminó al pueblo y clero de las villas rebeldes (Ayllón, Caracena y Berlanga) a que se sometiesen al obispo de Sigüenza, pero se negaron a obedecer, sumándose igualmente Almazán aduciendo un privilegio de Alfonso I el Batallador, su repoblador. “Una y otra vez ordenó el Papa que se obedeciera al obispo seguntino don Bernardo, amenazando al clero y a los feligreses de las villas rebeldes con las más graves penas eclesiásticas. En su lucha contra las pretensiones del obispo de Osma, el Papa solicitó la ayuda de los obispos de Castilla y de León, del clero de Osma y también de las autoridades civiles de estos dos reinos”, desvela Pedro de Pablo.

El obispo Juan no se arredró. El Papa vuelve a pedir el apoyo de los prelados de Toledo, León, Zamora y Burgos. Además amenaza al obispo oxomense Juan con suspenderle de su oficio episcopal y excomulgarle públicamente, lo cual llevaría a cabo posteriormente dando además cuenta de ello al cabildo de Osma y ordenándole a éste la desobediencia con su obispo Juan. Pero el cabildo no le hizo caso.

“Por segunda vez reiteró el Papa al cabildo de Osma la orden de desobedecer al obispo, prohibiendo a sus miembros que se comunicasen con él. Les mandó también que considerasen excomulgados a los clérigos de Ayllón, Caracena, Berlanga y Almazán, quienes a pesar del interdicto habían seguido celebrando los divinos oficios. Pero don Juan no cedía”, resume De Pablo Aparicio.
“Ante la reiterada desobediencia del obispo, el Papa buscó el apoyo del poder temporal, sometiendo la cuestión al arbitrio del rey Fernando de León como regente de Castilla. Al fin, en última instancia, Alejandro III, muerto Manrique (el tutor del rey Alfonso VIII), escribió al nuevo tutor, el conde don Nuño, haciéndole saber que, ante la contumacia de don Juan, había ordenado no sólo hacer pública la excomunión, sino también deponerlo. Además, había dado orden al cabildo de Osma para que nombrara nuevo obispo. En la misma epístola pedía al conde don Nuño que hiciera cautivo a don Juan y que lo entregara al arzobispo de Toledo para que éste procediera a encerrarlo en un monasterio”, señala Pedro de Pablo. Dicha misiva al conde don Nuño la firmó Alejandro III el 13 de marzo de 1165 desde Sens.

El cabildo oxomense preconizó como obispo al simoníaco clérigo soriano Juan Téllez (el obispo don Juan, según Pedro de Pablo, debió ser el último prelado francés de la restaurada diócesis de Osma), pero falleció antes de ser ordenado, circunstancia que aprovechó don Juan para claudicar y suscribir una concordia con el obispo de Sigüenza estando presente y de acuerdo el arzobispo de Toledo en abril de 1165. “La concordia fue desoladora y por demás penosa para el obispo luchador…, más que concordia se trataba de una rendición en toda regla, que era además una rendición incondicional”. Don Juan, que había tomado posesión del obispado de Osma en 1148, quedó así rehabilitado y siguió al frente de la diócesis de Osma hasta su muerte el 23 de abril de 1174.


Los templarios de San Juan de Otero, guardaespaldas de Alejandro III


Expuestos todos los datos anteriores resulta del todo factible suponer que Alejandro III, molesto con la pertinaz rebeldía del obispo don Juan y temiendo que volviera a las andadas con sus reclamaciones territoriales, optase por ser precavido y “guardarse las espaldas” estableciendo a 15 kilómetros al norte de la catedral de El Burgo de Osma una fuerza militar que, ante todo, le fuese fiel plenamente…. ¿Y cuál era la Orden Militar que estaba sujeta únicamente a la autoridad papal y excluida de la jurisdicción episcopal y civil? ¡La Orden del Temple!

Sobre el cerro-otero que controla perfectamente el nacimiento de la Vega del río Ucero, donde hoy se encuentran las ruinas del castillo y del poblado medieval de la Villavieja de Ucero, se ubicaron los templarios en torno a un convento dedicado a San Juan Bautista, que sigue siendo el patrono de la parroquia de Ucero. Desde allí podían ver, en lontananza, la atalaya islámica de Uxama, el castillo de Osma y los templos del Burgo de Santa María, catedral románica incluida. Y el obispo don Juan sabía que los aguerridos monjes guerreros, fieles como nadie al Pontífice, eran sus vecinos (las posesiones del cabildo llegaban hasta Sotos del Burgo)
Tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa (1212) supongo que el Temple abandonaría su ubicación en el otero del castillo de Ucero para establecerse en el corazón del Cañón del río Lobos, donde edificaron la actual ermita de San Bartolo que los historiadores de arte califican de protogótica y construida durante el primer tercio del siglo XIII. Este enclave ya no obedece a cuestiones militares sino esotéricas, espirituales, iniciáticas...

¿Por qué se instalaron en Ucero y no en otro lugar de los alrededores del Burgo de Osma..? Trataré de dar respuesta a ello seguidamente.

Ya hemos visto que la Fuente del Rey (posiblemente el nacedero del río Ucero, al pie de la Galiana) fue mojón entre la tierra de Lara y la de Osma, territorios ambos cuyos señores fueron durante un tiempo los condes de Lara y sus allegados, como lo fue Pedro Núñez de Fuentearmegil, “príncipe de Osma” y señor de San Esteban de Gormaz y de Fuentearmegil, a la vez que hermano de frey Fernando Núñez, templario de San Juan de Otero que luego tomó el hábito de los calatravos.

¿Pertenecía Ucero al primitivo alfoz de Osma y posterior Comunidad de Villa y Tierra de Osma? ¿Formaba parte del señorío de Fuentearmegil que se encuentra a una docena de kilómetros en línea recta..? Fuese a uno u otro, a quienes encontramos detrás es a los condes de Lara y a sus familiares y aliados los señores del valle de Fuentearmegil-Osma-San Esteban de Gormaz, contrincantes políticos de las aspiraciones territoriales del obispo y cabildo catedralicio. Como reconoce el historiador y sacerdote Teófilo Portillo, archivero diocesano, “los Núñez Fernández – González de Lara dominaron desde la segunda mitad del siglo XI hasta la mitad del XII toda el área geográfica, que hipotéticamente deberían haber servido de base territorial para el señorío episcopal, pero Osma y su Tierra quedaron excluidos de las aspiraciones eclesiásticas, incluida la restauración de la sede episcopal en la ciudad de Osma”.

Así que, evidentemente, no les podía incomodar ceder el cerro del castillo de Ucero a la milicia del Temple que actuaba a la sazón como punta de lanza de Alejandro III ante el levantisco obispo Don Juan. Además, ¿no había recurrido Alejandro III al conde Nuño de Lara para reducir al obispo don Juan a la obediencia pontificia..? Asimismo hay que tener en cuenta las reyertas internas existentes entre los Lara y los Castro durante la minoría de edad de Alfonso VIII y que el obispo don Juan toma las villas de la disputa (Berlanga, Caracena…) cuando Fernando II de León está presente en Castilla apoyando a los Castro (1163) y que las devuelve cuando Fernando II retorna a su reino leonés (1165).


Ensayo concluido en Tajueco (Soria) a las cuatro de la mañana del día siguiente a San Bartolo 2012



Enlaces relacionados:
Guía templaria de San Bartolo en río Lobos
Blog de Templarios en Soria


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