Prehistoria e Historia medieval del Valle de Tera-Valle del río Razón
María Isabel del Campo - 12/12/2011

El Sesmo de Tera tuvo su capitalidad en Tera, al inicio del Valle que recorre el río Razón y al que ha dado su denominación histórica (Valle de Tera). He aquí algunos datos sobre la prehistoria, etapa hispanorromana y buena parte de la Edad Media
 


Nota previa: texto perteneciente al libro "Suelo y Vuelo" editado por Culturalcampo, 1987, y escrito por María Isabel del Campo


Prehistoria del Valle del río Razón, llamado Valle de Tera

Tenemos pocas noticias sobre los primitivos poblamientos del Valle. Pero existieron. Las condiciones ya explicadas de zona húmeda, boscosa, con abundancia de caza y pesca, base de la alimentación de estos grupos, justifican los asentamientos en clima tan frío.

De la Edad del Bronce se conservan, procedentes de Villar del Ala, restos de metal y cerámica campaniforme, así como una estatua menhir que durante miles de años permaneció como pasadera en un arroyo junto al puente de la vega: «Se trata de una gran piedra prismática de dos metros y medio de largo, actualmente situada a la entrada de San Juan de Duero, en donde aparece representada una figura humana en sus tres dimensiones; en la cabeza se identifican los rasgos correspondientes a los arcos supraciliares y la nariz, así como los ojos, cuello y hombros; lleva cinturón con broche y por debajo de éste, un faldellín» (A. Jimeno).

Hay castros de la Edad del Hierro en Molinos de Razón, Sotillo del Rincón, Valdeavellano de Tera y Villar del Ala. De ellos proceden dos importantes colecciones particulares de restos arqueológicos que conservan oriundos de Villar del Ala.

No debió ser difícil la vida de estos castros puesto que en el territorio se instalaron, posteriormente, los arevacos, de cuyos poblados quedan restos en Villar y Valdeavellano.

Romanos y visigodos


Pero con la romanización, los puntos geográficos aislados vieron acentuarse esta característica al quedar fuera de los itinerarios y vías de comunicación. Y al Valle le ocurrió esto. La calzada romana que comunicaba Vinuesa con Numancia fue por el borde septentrional del Valle del Cintora, en la vertiente solana de la Sierra Carcaña, por Langosto y Santervás.

El aislamiento se acentuó, pese a que debió haber alguna población visigoda. No en balde Segovia, Palencia, Burgos y Soria constituyen la región con más yacimientos de estos siglos VI al VIII.

Repoblación medieval navarra


Y mientras la provincia vivió a partir del siglo IX la influencia musulmana, en el Valle no aparecen ni restos arqueológicos ni topónimos arábigos. Solo encontramos referencias literarias como la leyenda de la Virgen de las Espinillas o las debidas a la imaginación popular: los pretendidos bolos de oro de Villar o la Cueva de los Moros. Sí se dice que el refrán: «La sierra Carcaña fue la más rica de España», derivaría de sus filones de oro y plata al parecer explotados por los moros. En Chavaler, se han encontrado muestras de éstos y otros minerales.

El Valle siguió siendo un islote semivacío cuando se inició la repoblación de Soria: fue el último reducto entre pamploneses, desde Almarza y Tera hacia las sierras del Almuerzo y del Madero al Este y castellanos al Oeste.

Por fin, a principios del siglo X, como apunta Clemente Saenz, fue repoblado «inicialmente por los de Pamplona y luego se hicieron afincamientos organizados y colectivos por cameranos y extremadanos (todavía bajo influencia navarra)». La frontera entre castellanos y navarros se estableció en 1016, desde Ortigosa de Cameros y Castillo de Vinuesa por la Cuerda de los Pinochos, puerto del Royo, cumbre de la sierra Carca- ña hasta Garray. El Valle quedó navarro.

Monasterio Benedictino de Tera


Una noticia tenemos de esta etapa de repoblación. En el año 927, la iglesia de Santa María de Tera, tierra ya navarra, es donada por el Rey de Navarra al monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla. Pocos años después en el 989, la de San Vicente de Razoncillo, en Molinos, también pasó a depender de dicho monasterio, donada por la soriana familia Barnuevo. Parece ser que el caballero De Diego Alvarez de Barnuevo, en carta fechada en 7 de diciembre del 989, dona al Abad de San Millán «sus palacios, ganado, montes, entradas y salidas, etc. y todos los bienes pertenecientes a San Vicente de Razoncillo, con la obligación expresa de que sus hijos y descendientes respeten el regalo».
Nicolás Rabal todavía vió, en el siglo pasado, las ruinas de estos palacios «y poco más arriba de ellos la primitiva iglesia de San Vicente, restos de un antiguo convento». Anastasio González estima que esta iglesia fue un correccional de los monjes procedentes de San Millán.

Sí parece más probable y ha llegado hasta nosotros como tradición oral, que la cercana ermita de San Martín, en el despoblado de Azapiedra, fuera el correccional de San Vicente de Molinos. El territorio de San Millán se extendió por esta zona de Soria y por el Valle en concreto bajo el reinado de Alfonso VI, que mandó en 1076, al conde de Nájera D. García Ordoñez, repoblar la Garray navarra para Castilla. El Conde confirmó la donación de Santa María de Tera al monasterio de San Millán de la Cogolla aumentando el territorio de la donación por el Valle hasta Guardatillo, Lubia o Valdelubia (entre Villar y Rebollar), Estepa de Tera y arroyo de Zarranzano, con sus aguas, molinos, licencias y franquicias para los monjes.

Estelas en Azapiedra, Valdeavellano, Rollamienta…


Encontramos, también, vestigios de población en la existencia de cinco estelas de piedra que se fecharían en el siglo XII o menos probable, XIII. Son estelas de carácter funerario o con funciones de delimitación de cementerios cercanos. Tres de ellas se encuentran en la ermita de San Martín de Azapiedra, que tenía un cementerio adosado y conserva, todavía, tres losas de piedra decoradas sencillamente que cubrirían tres tumbas.

Dos de las estelas de Azapiedra están decoradas, como la de la ermita de la Soledad de Valdeavellano, y la de la casa de Paz, en Rollamienta, con cruces patadas de antigua simbología religiosa: el ensanchamiento de los brazos significaría la difusión del cristianismo. Dos de ellas parecen tener cierto carácter antropomorfo. La cruz de la tercera estela de San Martín es pometeada. Esta decoración se encuadra en un círculo, dentro del disco de la estela.

Padrón del reinado de Alfonso X


En el siglo XIII, con Alfonso X el Sabio, por lo menos la Mata de Villar del Ala fue coto de caza real por su abundancia en liebres y conejos. Queda como testigo una roca con una liebre labrada que hemos visto, personalmente, en una ocasión. Y como fuente documental importantísima queda, así mismo, además del Fuero que otorgó a Soria y por el que se regían también estas aldeas del Valle, el padrón que dicho Rey mandó elaborar en 1270. Vamos a atenemos al estudio que sobre el realizó Esther Jimeno. Nos permite obtener los nombres que por entonces daban a las aldeas del Valle: Rincón del Manzano (Aldehuela del Rincón); Alza-pierna (Azapiedra); Los Molinos de Tera (Molinos del Rincón); Sotillo y Valdeavellano sin más, Cardeo y Comparacoces poblados.

La lista de los habitantes de cada pueblo con sus nombres va distribuida en tres categorías jurídico-administrativas: los vecinos, que viven en el lugar un número de años exigidos. Se les adscriben a las parroquias o collaciones de la Ciudad de Soria. Cuentan con la protección jurídica del Fuero y pueden participar en el gobierno del concejo y aprovechar los bienes comunales. En el Valle no figura ninguno, en ningún pueblo. Los moradores, que no tienen la categoría de vecinos y sólo viven en el lugar. Son la mayor parte de los habitantes del Valle en el padrón. Los facedores, que tienen la categoría de oficial concejil y elaboran el padrón en representación del consejo. En el Valle los hay y su nombre se repite entre el de los moradores puesto que son uno de ellos. Los atemplantes o temporeros y personas que viven en alguno de estos lugares eventualmente.

De este padrón nos extraña que no hubiera nadie en el Valle con la categoría de vecino. Valdeavellano se destaca desde el principio como el lugar más poblado. Le sigue Aldehuela, lo que parece extraño puesto que es el pueblo con menos tierra de cultivo e incluso pastos. Sin embargo, tiene mucho monte. Villar aparece menos poblado que Comparacoces, cuya situación y comunicación es peor.

Sesmo de Tera


Las aldeas del Valle pertenecían a la Mancomunidad de Soria y su Tierra cuya constitución es anterior al siglo XII. Tierra de realengo, libre de las cargas que imponía la nobleza a la de señorío, se constituían estas aldeas como una comunidad de pastos, tierras y leñas al amparo de los privilegios que los reyes castellanos les otorgaban para promover los asentamientos. Por entonces, la densidad de población de la Sierra de Soria, en la que incluimos el Valle, era inferior a 6 hab./Km2.

Las aldeas se distribuían para su mejor administración, por un sentimiento religioso y pago de diezmos, entre las parroquias de la ciudad de Soria. Para su gobierno, todas estaban sujetas al Fuero que otorgó a la Ciudad y su Tierra Alfonso X en 1256.

El conjunto de aldeas se dividía en sesmos. El Valle pertenecía al sesmo de Tera, que tenía su representación en el gobierno de la Universidad de la Tierra. Posteriormente, los sesmeros fueron sustituidos por el Fiel de la Tierra en el Ayuntamiento de Soria, perdiendo así las aldeas, a partir del siglo XVI, casi todo el control sobre su gobierno. El Ayuntamiento de Soria fue monopolizado por la nobleza, los Doce Linajes, y la Tierra sufrió abusos y perjuicios contra los que se rebeló en ocasiones.


Nota: A la autora y al editor, los derechos de autor correspondientes les corresponde, no a Soriaymas.


Las fotografías: portada de la ermita de Azapiedra con dos estelas, segunda foto corresponde al monolito prehistórico de Villar del Ala, la siguiente es una estela de Rebollar, a continuación una estela en Tera, a continuación una estela de Valdeavellano de Tera y, finalmente, el cuadro-resumen del censo del padrón de Alfonso X.


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