CONSIDERACIONES SOBRE EL CID DEL CANTAR
Ángel Almazán - 11/27/2002

Reflexiones sobre el Cid que nos muestra el Cantar de Mio Cid, destacando las de Ramón Menéndez Pidal. Se insiste en la autoría soriana del Cid por dos juglares de San Esteban de Gormaz y Medinaceli.
 


Artículo del Webmaster publicado en "Revista de Soria", nº 23,Invierno de 1998, pp. 17-21


Para aquellos que, como nosotros, hemos vivido en la ribera soriana del Duero prácticamente toda la vida, el Cid Campeador nos resulta tan familiar y entrañable como lo es la vid, el cereal, el pino resinero, la jara, el tomillo, el romero, el adobe y el tapial. Forma parte del paisaje y paisanaje desde que los juglares de la extremadura soriana comenzaron a cantar sus gestas quizás incluso mientras él aún vivía.


AUTORÍA SORIANA


Nos enseñaron en la escuela y, después, durante el bachillerato, que el más importante de los investigadores cidianos, don Ramón Menéndez Pidal, estimaba que el Cantar de Mio Cid, ("el primer monumento de la literatura española", según él), había tenido su origen nada menos que en tierras sorianas, por medio de dos juglares-poetas de las comarcas de San Esteban de Gormaz y Medinaceli. Y como prueba más irrefutable citaba el ilustre presidente de la Real Academia de la Historia el conocimiento exhaustivo que se evidencia en el Cantar sobre la geografía y topografía de estas zonas, en contraposición
a la del resto de la geografía del Cantar. Y los elogios que se dan a los sanestebeños también era prueba de esta querencia especial del Cantar a la villa ribereña, en la que residía Diego Téllez, vasallo de Alvar Fañez.

"El Poema de Mio Cid, fue escrito por un poeta de San Esteban de Gormaz, hacia 1100, muy ceñido a la verdad histórica como noticia poética destinada a los contemporáneos del héroe, este primer poema fue refundido hacia 1140 por otro poeta de Medinaceli que retoca sobre todo la parte final, fantaseando más libremente porque ya no habla a contemporáneos del protagonista. El poema nos da, además de multitud de tipos, sucesos y costumbres de época, la más integral representación del carácter del Cid.", afirmó Menéndez Pidal, en 1929.

Reivindicamos, por tanto, la autoría soriana del Cantar, con todo lo que ello representa pues el Cantar es el canto del alma castellana medieval por antonomasia, y la cristalización de nuestro idioma, balbuceante e infante, pero ya nacido y dando sus primeros y titubeantes pasos. En tal empeño recurriremos a la docta opinión de Menéndez Pidal y de todos aquellos investigadores cidianos -y son muchos- que opinan de igual
modo sobre esta cuestión. Ahí está la estatua del juglar en la fachada de la Diputación Provincial para recordárnoslo constantemente.

Por nuestra parte, recordamos igualmente que hace unas décadas, al poco de transitar por las aulas del instituto de El Burgo de Osma, nos hablaron de un profesor que allí estuvo, Timoteo Riaño, que defendía la tesis de que el Per Abbat firmante del Cantar era un canónigo oxomense, Pero Abad, que había firmado un documento relativo a Fresno de
Caracena, donde todavía hay parajes con inequívoca toponimia cidiana, y en cuyas proximidades sitúa el Cantar el sueño del Cid en La Figueruela, donde se le aparece el arcángel San Gabriel para animarle en su destierro y anunciarle que todo lo que emprenda tendrá buen fin.

El cúmulo de localidades y parajes sorianos citados por el Cantar, tanto durante su Destierro como en la Afrenta de Corpes, es tal que, con un pequeño esfuerzo de la imaginación, podemos ver a todos estos personajes cidianos, a la mesnada y al mismo Cid, cabalgar al lado nuestro cuando por tales lugares caminamos.


EL CID CINEMATOGRÁFICO



Rodrigo Díaz de Vivar, en verdad, sigue cabalgando por estas tierras sorianas para los que, como nosotros, seguimos creyendo en los valores peremnes que personifica Mio Cid, el Campeador, el del Cantar y los Romances.

Ese mismo Cid que ha sido dado a conocer por todo el mundo a través del séptimo arte, a través de una espectacular superproducción de
Samuel Bronston, titulada escuetamente El Cid, que tan magistralmente interpretara Charlton Heston, ese gran actor épico que encarnará para siempre a Ben-Hur, Moisés, Miguel Ángel y tantos otros personajes heroicos, en la gran pantalla.

Nada menos que Ramón Menéndez Pidal asesoraría a Heston, en 1960, acerca de cómo debía ser la personalidad y carácter del Cid cinematográfico (Heston le representó como a un Job medieval). Y por mucho que nuestro crítico e historiador de arte Juan Antonio Gaya Nuño niegue la validez histórica de este film, seguiremos viendo una y otra vez tal película porque refleja con fidelidad la imagen que el pueblo español, y sobre todo el
castellano, ha tenido del Cid como prototipo heroico, desde el "Carmen Campidoctoris", pasando por el Cantar de Mio Cid, hasta el Romancero. Y a ellos se atiene El Cid de Charlton Heston y su particular Jimena, la sensual Sofía Loren, incluso cuando se convierte a Jimena en hija del conde Gómez de Gormaz, o cuando el Cid gana la batalla
después de muerto, enhiestamente sentado sobre Babieca. No nos extraña, por todo ello, que esta película entusiasmara a John Kennedy, presidente de los Estados Unidos.

Y es que poco importa para la conciencia colectiva de los pueblos la verdadera historia y sus personajes reales porque todo ello es, como dijera Nietzsche, "humano, demasiado humano". El alma colectiva del pueblo vibra ante lo arquetípico y se siente incluso arrastrado por ello. Para los eruditos y especialistas queda lo "humano, demasiado
humano", y para el bardo fascinar al público narrando y cantando las hazañas de los dioses y de los héroes, transformando así al personaje histórico en un ser de leyenda e incluso mítico.

Y esto es, en definitiva, lo que hace conmueve y sirve de guía al pueblo, creando y sosteniendo al mismo tiempo vínculos tribales o nacionales de identidad común. Además, lo que verdaderamente ocurrió difícil es de saber con exactitud puesto que la falta de documentos, y la falsedad de muchos de los que han llegado a nosotros, así como la propia subjetividad del historiador (y la prueba más enternecedora es la del propio Ramón Menéndez Pidal) hacen que tal labor se convierta en una tarea
sobrehumana e imposible (es nuestra opinión, claro está).

Curioso es -y permítanme decirlo- que por esas ironías de la Historia, la firma del convenio de creación de la ruta Camino del Cid en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña por parte de ocho diputaciones provinciales pertenecientes a cuatro comunidades autónomas se firmase precisamente en un 11 de septiembre (1998), fecha en la que
Cataluña reivindica su "catalanidad" en la Diada. ¡Que hermoso gesto, inconsciente, estoy seguro, pues las diputaciones indudablemente no se dieron cuenta de tal coincidencia- tuvo lugar ese día, surgido del fondo del alma colectiva española al reivindicar nuevamente la figura aglutinadoramente hispánica del Cid en la misma capilla
donde enterraron sus restos mortales!


EL CID HEROICO DE MENÉNDEZ PIDAL



En este año que ahora termina se han realizado muchos homenajes y recordatorios a la Generación del 98, y en algún sitio hemos leído que fue precisamente Menéndez Pidal quien, a través de su cidefilia, inculcó en esta Generación la impronta de un espíritu castellanista que giraba en torno a los ideales de su Cid, que él expuso en numerosos
estudios cidianos, especialmente en La España del Cid (1929), obra de la que Azorín dijo que era "una maravillosa lección de patriotismo".

Ya en 1916 don Ramón Menéndez Pidal hacía estas declaraciones en una entrevista: "Aunque me ocupa el estudio de nuestro pasado nacional, nada me preocupa tanto como nuestro presente y nuestro futuro... A lo largo de toda la historia de España Castilla ha desempeñado un papel unificador y estabilizador. Castilla no es la totalidad de España,
pero su espíritu es la unidad de España. Siempre ha sido así desde su aparición histórica".


ARQUETIPO DEL HÉROE EN MIO CID


El carácter heroico del Cid pidaliano, que extrajo primordialmente del Cantar, es el mismo que, siglos atrás, cautivó al pueblo y le sedujo. "El Cid poético resulta un héroe singular; es el héroe de la moderación", afirmó. "El Cid es un triunfo de la voluntad, que supera lo insuperable, y en esto también es más representativo de su nación que
cualquier figura eminente de otra clase", escribió. "Es el último héroe (épico) de cuantos merecen tal nombre, con entera propiedad, el último que se aureola con destellos de una gran poesía nacional", afirmó igualmente. "La ejemplaridad del Cid puede continuar animando nuestra conciencia colectiva... Siempre la vida histórica del héroe
puede ser ejemplo que nos haga concebir la nuestra como reñida por un deber de actividad máxima, de justicia constante, de mesurada energía; siempre requerirá de nosotros esa heroicidad oscura, anónima y diaria, única base firme del engrandecimiento de los pueblos y sin la cual el heroísmo esplendente no tiene base; siempre nos mostrará los
más seguros rumbos de la ambición personal hacia los ideales colectivos del grupo humano a que estamos ligados y dentro del cual nuestra breve vida recibe un valor de eternidad", destacaría en La España del Cid. Antes, en su obra El Cid Campeador había calificado a Rodrigo Díaz de Vivar como "héroe que encarna las más altas cualidades
humanas..., héroe español en el sentido más pleno".

Particularmente, es precisamente el ámbito arquetípico heroico, lo que siempre nos ha llamado la atención, y en esta línea interpretativa escribíamos al comienzo de la ruta cidiana soriana de "Por Tierras de Soria, La Rioja y Guadalajara", lo siguiente: "Dicen algunos que el Mio Cid tiene matices castellanistas. Unos ven en él una
decantación castellanista en contraposición con lo leonés (representado por el rey Alfonso VI); otros opinan que es una exhortación a la cruzada que estaba preparando Alfonso VIII (descendiente del Cid), a la par que se ponía en entredicho a nobles indignos como Pedro Fernández de Castro (descendiente de los Ansúrez-Beni Gómez), y
hasta hay quien opina que es un canto a la caudillarquía, al liderazgo del mejor, de un jefe al que el pueblo admira, respeta y sigue, en contraposición a la monarquía dinástica que, en momentos determinados, es débil e indigna.

Te daré o ahora mi propia visión, que no invalida las anteriores sino que intenta ir al trasfondo arquetípico del Cantar, que no es otro que la exaltación del Héroe, arquetipo del Insconsciente Colectivo que la humanidad necesita para evolucionar y que la psique individual precisa para que la consciencia vaya evolucionando e integrando los
contenidos del inconsciente. Los cantos épicos heroicos surgen en todo el planeta cuando una lengua comienza a crearse y definirse, y cuando un pueblo comienza a tener conciencia de sí mismo. Por eso ha perdurado la visión heroica de Rodrigo Díaz de Vivar...".

Leo Spitzer, tan contrario a Menéndez Pidal en algunas tesis, comparte sin embargo con éste la convicción del carácter heroico del Cid que glosa el Cantar presentándole, a su juicio, como "un héroe modelo en todas las virtudes del hombre maduro", repleto de "ejemplaridad moral" cual si fuera un "santo laico" dotado de "una fuerza mágica, casi
sobrehumana" (Felipe II incluso pediría a la Santa Sede que reconociera la santidad del Cid).

Cesáreo Bandera Gómez, ahondando en lo que califica de carácter mítico subyacente del Cantar, va incluso más lejos al insistir en que no sólo es un modelo en todas las virtudes, "sino que el Cid es, sencillamente, el modelo", y señala similitudes mesiánicas y símbolos diversos con referencias evangélicas y patrísticas a Jesús, hasta
el punto de afirmar que el Cid "refleja un Cristo guerrero, fuerte, incansable, luchador, un Cristo-majestad sobre un fondo de humano sufrimiento". Tales consideraciones crísticas, en nuestra opinión, hay que fundamentarlas primeramente en el arquetipo del Dios-Héroe Solar, y no en Cristo. Coincidimos, eso sí, en que "nuestro
juglar no sólo vive intensamente ese ambiente mítico, mesiánico, que rodea la figura del héroe, sino que, además, es capaz de comprender la extraordinaria significación de ese hombre", Rodrigo Díaz de Vivar, Mio Cid Campeador. R. Burt, además de los paralelismos con Cristo, vió otros entre el Cid y Moisés.

Fray Luis de León -y no fue el único poeta en hacerlo- equipararía en unos versos al Cid con Alcíades (Hércules) el mismo héroe que, como seguramente interpreta acertadamente Guillermo García Pérez, es el "Álamos" (el álamo era el árbol totémico de Hércules) que encerró a "Elfa" en los túneles de "Agriza"-Tiermes. La presencia de esta referencia
clásica no sería la única que hay en el Cantar; Colin Smith ya había encontrado varias fuentes clásicas en los episodios del Cantar relativos a la toma de Castejón y Alcocer (algunos lo identifican con la soriana Peñalcázar). Colin Smith estima igualmente que que "la rica escena de los judíos se basa en un cuento oriental". Y nosotros estamos
convencidos de que el drama de la "Afrenta de Corpes" está basado en alguna leyenda o mito aún por reconocer y relacionar.


MÁS DATOS: Ver págs 44-59 de nuestra guía turística SAN ESTEBAN DE GORMAZ. ROMÁNICO, MÍO CID Y PAISANAJE



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