LA IMAGINACIÓN EN IBN AL ARABI
J.M. Puerta Vílchez - 3/18/2009

Como en muchos otros conceptos, éste de la Imaginación coincide esencialmente con los del Vedanta Advaita. Es "pieza clave" entender bien lo que es la Imaginación-Maya para la espiritualidad exacta
 


El Misterio de la Imaginación



NOTA PREVIA: El texto que sigue corresponde al apartado quinto del relato titulado "Luces de alocuciones y misterios"

El Misterio de la Imaginación" que incluye en su magníficoensayo novelado "Un asceta en la corte nazarí. Los siete misterios de los sentidos, la Imaginación y la creatividad", publicado en "Cuadernos de la Alhambra", nº 40, editado por "Pubicaciones del Patronato de la Alhambra y Generalife", páginas 23-24.

Filósofos, alfaquíes y sabios sucumben en perplejidad frente a la Imaginación. Unas tendencias demandan que la Imaginación se someta a los dictados de la razón, mientras que otras, las menos, le conceden generosa libertad. Entre éstos, el Gran Maestro Ibn Arabí otorgó poder a la Imaginación hasta llegar al delirio y provocar la ofuscación. Y a mí me ofusca: “El Poder Divino no ha creado ningún ser más inmenso que la Imaginación”, escribió Ibn Arabí en sus "Revelaciones de la Meca" (Futuhat, III, 508).

En su pensamiento, el universo de la Imaginación es un universo barzají, intermedio: “El barzaj es la más amplia Presencia de la existencia, pues en él confluyen dos océanos, el océano de las ideas (bahr al-ma`ani) y el océano de los sensibles (bahr al-mahsusat), siendo que el sensible no origina la idea ni la idea el sensible. La Presencia de la Imaginación de que hemos hablado corporifica las ideas y sutiliza los sensibles, y transforma ante la mirada del observador la esencia de todo concepto, puesto que es el juez que enjuicia sin ser él enjuiciado, aun siendo criatura” (Futuhat, III, 361).

Luego, nos abruma con un hallazgo que asusta asumir: “Todo lo que percibimos es la existencia del Verdadero en las esencias de los posibles. En tanto que identidad del Verdadero, se trata de Su Existencia, y, en tanto que la diversidad de formas que hay en Él, se trata de las esencias de los posibles (...) Si es verdad lo que acabo de mencionarte, quiere decir que el Mundo es imaginario (mutawahhim) y carece de existencia verdadera. Y éste es, precisamente, el sentido de la Imaginación. Es decir, que tú te lo imaginas como algo añadido, existente per se fuera del Verdadero, y no es así (...) Has de saber que tú eres Imaginación, y que todo lo que percibes (tudriku-hu), y aquello de lo que dices “no soy yo” también es Imaginación, puesto que la existencia toda es Imaginación sobre Imaginación, siendo la Existencia verdadera únicamente Dios, o más específicamente Su Identidad (Dhatu-hu), su Esencia (`Ayn), no en lo que a sus Nombres respecta (...) Y es que todo lo que hay en el Universo (kawn) es lo significado por la Unicidad (Ahadiyya), mientras que todo lo que hay en la Imaginación es lo significado por la diversidad (kazra)” (Fusus al-hikam, 103-104). Esto en lo que a la Imaginación absoluta respecta.

En lo relativo a la Imaginación unida, hay que decir que pertenece al ámbito del corazón y que en él reside. Únicamente en él y por él se unifican los contrarios, se recibe la inspiración y se estimula la creación. Su ciencia es una ciencia prélogica (tahta al-nutq) que pertenece a las ciencias del gusto (dhawq). Es la llave en exclusiva del Mundo de lo Oculto, del Misterio.

Así lo apuntaba ya Ibn Arabí durante su juventud en al-Andalus: “El corazón del siervo especial es morada de Dios, emplazamiento de Su mirada, mina de Sus saberes, presencia de Sus secretos, lugar de descenso de Sus ángeles, tabernáculo de Sus luces, y Su Ka`aba pretendida, con Su memorable monte Arafat. El (corazón) es el director del cuerpo, su rey. Si determina algo dice “sé”, y “es” sin defectos ni impedimentos. De su buen estado depende el buen estado del cuerpo. Si se perturba, se perturba todo el cuerpo. Sin su decreto, ninguno de los miembros y órganos corporales posee movilidad, ni presencia, ni latencia, ni juicio, ni influencia. Es el ámbito del sobrecogimiento (qabd) y la expansión (bast), de la esperanza (raya') y el miedo (jawf), de la alabanza (xukr) y la perseverancia (sabr). Es la sede de la Fe, de la Unidad (tawhid), de la Trascendencia (tanzih) y la Abstracción (tayrid) divinas. Son características suyas la embriaguez, la lucidez, la confirmación, la verificación, el viaje nocturno (isra’) revelación (nuzul). Es dueño de la Majestad (yalal), la Belleza (yamal), la Afabilidad (uns), el Temor reverencial (hayba) y la Teofanía (tayalli) (...)” (Mawaqi` al-nuyum, 141).

A la Imaginación y el corazón pertenece la facultad de contemplar en los espejos del mundo y del ser. La Imaginación es un espejo creador en el que imagina, noche y día, su propio rostro, el rostro de la existencia. En dicho espejo se deshacen las contradicciones, se armonizan los opuestos y brilla la fusión de los contrarios. Sólo y exclusivamente en el reino de la Imaginación se percibe la Majestad y la Belleza. Por todo lo precedente, la Imaginación es la facultad propia del pintor, del contemplativo, del poeta, del soñador y del amante.

Imaginamos, luego existimos.

Alocución: Hermano, quien no se transforma en Imaginación no enciende la llama del amor y se disipa en la nada, lo mismo que quien no se hace Amor no ensancha la Imaginación, y desaparece para siempre.



Las fotos corresponden a la tumba de Ibn al Arabi en Damasco


José Miguel Puerta Vílchez es autor de la enciclopédica y encomiable "Historia del pensamiento estético árabe. Al-Andalus y la estética árabe clásica", Madrid, Akal, 1997. También es autor del libro "Los códigos de utopía de la Alhambra de Granada",

Granada : Diputación Provincial, D.L. 1990. ISBN 84-7807-017-6, que recomendamos desde Soriaymas. Igualmente es autor del ensayo: "a belleza del mundo es la Belleza de Dios. El núcleo estético del `irfán de Ibn `Arabi (I parte)”, Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, nº 17, Facultad de Filosofía, Universidad Complutense, Madrid, 2000, pp. 77-100. La II parte: Anales del Seminario de Historia de la Filosofía, 2001; (18) pp. 31-60.


Los derechos de autor de este texto aquí publicado corresponden a J.M. Puerta Vílchez y al Patronado de la Alhambra.



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