EL ENIGMA DE LA TRADICIÓN HIPERBÓREA DE LOS CELTÍBEROS DE NUMANCIA
Redacción - 7/20/2005

Éste es el último libro del director de soriaymas.com, que estará en las librerías el 1 de agosto próximo. En esta entrevista explica algunas de las claves más importantes acerca de esta obra.
 



El índice del libro (168 páginas con 180 imágenes complementarias), que se encuentra en imprenta actualmente, y que publica la editorial soriana Sotabur es el siguiente:


— El Legado ........... página 7
— Celtíberos y Numancia ...........p. 9
— Religiosidad celtibérica ............ 28
— ¿Belgas o escitas? ........ 41
— Lo Sagrado y lo profano ....... 46
— Con Eliade en Eranos ........ 49
— Jung: “Dios está siempre presente” ....... 53
— Los celtas ..... 58
— El Centro del Mundo ........ 61
— Indoeuropeos y Vaso de los Guerreros ........ 67
— Cernunnos y el Caldero de Gundestrup ......... 75
— Caballo y espada ...... 82
— Philosophia Perennis ........... 91
— Ni politeísmo ni panteísmo .......... 97
— Estados múltiples del ser y ultrabumba del guerrero ..... 103
— El Vaso de los Toros ........... 118
— Los sacrificios del Caballo Cósmico ........ 126
— Caballo domado y aves .......... 132
— Cabezas Cortadas y Hombres-Caballo ........... 138
— Hiperbórea, Cuna de la Humanidad .......... 154
— Tradición oral y Numancia como Centro Espiritual ....... 154
— La Cruz Polar de Numancia y otros símbolos ........ 158
— 55 años después ........... 167




ENTREVISTA A ÁNGEL ALMAZÁN DE GRACIA





- En la dedicatoria del libro leemos: “A René Guénon y Ananda Kentish Coomaraswamy, por todas sus enseñanzas tradicionales y ser lámparas encendidas en este período de tinieblas del mundo moderno desacralizado”. Asimismo, en la contraportada, como resumen de la obra, se indica: “La obra que tiene el lector en sus manos es un ensayo novelado en el que el autor rinde homenaje a todos los personajes del siglo XX que aparecen: Blas Taracena, Federico Wattenberg, Mircea Eliade, Carl G. Jung, Henry Corbin, George Dumézil, Hermann Hesse.., y fundamentalmente A.K. Coomaraswamy y René Guénon. Escrita a modo de diario, el protagonista se entrevista con todos estos personajes, excepto el penúltimo, tratando de averiguar las raíces celtíbericas: arqueológico-étnicas (Soria-Madrid), antropológico-cosmológicas (Ascona, en Suiza) y metafísicas El Cairo (Egipto), en un gradual y escalonado ascenso cognoscitivo que le servirá para interpretar el simbolismo de la cerámica numantina y un enigmático Caldero, al mismo tiempo que le transformará interiormente de una manera decisiva”. ¿Podríamos decir que estos textos son el alfa y omega de este libro?



- Si lo entendemos como principio y fin del libro, sí, en efecto, pero nada más. El libro está dedicado a estos dos grandes metafísicos del siglo XX que fueron Guénon y Coomaraswamy, cuyas enseñanzas tradicionales monopolizan las páginas 91 a 166, es decir los capítulos de esoterismo cosmológico y de metafísica, los más trascendentales. La parte intermedia del libro, la que acontece a la orilla del lago Maggiore, en la localidad suiza de Ascona, con epicentro en la “Jornadas de Eranos” de 1950 –año en el que transcurre este ensayo novelado-, está dedicada a las conversaciones que tiene el protagonista, Oliverio Ortego, con tres grandes hermeneutas de la mitología, desde tres enfoques antropológicos no esotéricos: Eliade desde la Historia Comparada de las Religiones, Jung desde la Psicología Profunda, y George Dumézil desde el estructuralismo filológico-mítico. Asimismo aparece Herman Hesse, casi como “convidado de piedra” y, más que nada, como homenaje personal mío por lo que representó la lectura de diversos libros suyos entre los 18-22 años, y Henry Corbin. Éste último, tras escuchar la conferencia que impartió Eliade aquel año en Eranos sobre el “Centro del Mundo”, comenta algunas singularidades del gnosticismo shiíta en torno a una misteriosa “Ciudad Polar”. En cuanto a la primera sección de mi libro, es meramente arqueológico-histórico, en el que se habla de los celtíberos y de Numancia. Básicamente, estos son muy resumidamente, los tres grandes escalones de esta obra.


- Una ascensión escalonada y gradual que comienza en Numancia, con el hallazgo de un misterioso caldero y que culmina en El Cairo al lado de René Guénon…



- En efecto. Este libro tiene una estructura iniciática, si se me permite la expresión. Y ello es así porque el protagonista va pasando por tres fases ternarias correlativas. En España, digamos que prevalece el conocimiento sobre el tercero de los “mundos”, el corpóreo-grosero, que corresponde a los materiales arqueológicos y los datos históricos. En Suiza predomina la indagación anímica, es decir, el conocimiento del “mundo intermediario o sutil”. En Egipto, por último, con la lectura de la obra de Coomaraswamy aplicada a la pintura numantina y religión celtibérica, y con lo que Guénon le dice personalmente al protagonista, se adentra uno en las zonas “altas” del mundo sutil para penetrar en el del espíritu que anuncia el tercero de los mundos, el “celeste”, y, de hecho, las últimas líneas corresponden a la explicación que dá Guénon sobre el gran símbolo sonoro-gráfico de AUM.



- Usted reitera que estamos ante un ensayo novelado, no ante una novela ni un ensayo propiamente hablando.



- Así es. Yo no me siento cómodo escribiendo ficción, o sea, novelas. Soy un ensayista y, de hecho, este libro fue concebido inicialmente como un ensayo; incluso llegué a escribir cuarenta páginas. Pasaron unos meses y al retomar su redacción me dí cuenta de que debía darle un giro muy diferente al libro, así que esas cuarenta páginas fueron a parar a la basura: no me han servido para nada. Estuve dándole vueltas a que estructura formal debía conferir al libro y finalmente caí en la cuenta de que debía ser un ensayo novelado en el que la citas bibliográficas quedaran reducidas a lo mínimo, pero no en detrimento del rigor puesto que, en vez de citas bibliográficas, lo que estimé oportuno fue incorporar muchos diálogos en los que los personajes expresaran oralmente lo que han dicho en sus libros en unos temas concretos. En cierto modo esta obra, formalmente, tiene muchos puntos en común con “Los códices templarios del río Lobos. Los custodios del Grial”, sólo que cuando escribí “Los códices…” (1997), mis conocimientos sobre esoterismo eran mínimos. Por aquél entonces seguía siendo junguiano, y sin embargo ahora, en este nuevo libro, Jung tan solo ocupa cinco páginas.


- En “Los códices…” usted resumió todo lo que “sabía” hasta el momento… Acontece lo mismo en “El enigma de la tradición hiperbórea…”



- En cierto modo, sí. Pero hay que matizar puesto que, obviamente, lo más esencial de este nuevo libro, que es la tercera parte, la que se fundamenta en libros de Coomaraswamy y de Guénon, pese a sus 75 páginas, son claramente insuficientes para siquiera resumir lo más fundamental de lo escrito por ambos autores en los temas que trato en este libro. Además, en la lectura última que he hecho de diversas obras para escribir esta última parte, me he visto interiormente llevado a leer varios comentarios de Sankara sobre algunos “Upanisad” y los “Brahma-Sutras”…, y, claro, tras leer a Sankara uno no puede por menos que sentirse muy “pequeñito” ante la gran magnitud de su talla espiritual. Así que, como explico en la última página escrita del libro, realmente me gustaría que ésta fuese la última obra esotérica que escriba en muchísimos años puesto que siento la imperiosa necesidad de dedicarme a la lectura de Sankara y otros metafísicos del Vedanta Advaita, proseguir con Guénon y Coomaraswamy… e irme al “bosque” a meditar y entrar en el “silencio mediático”.



- Parece que da usted por concluida su vida como escritor de temas esotéricos.



- Me gustaría que así fuese. Todo lo que “sabía” y que podía decir, ya lo he dicho. No sé más. Y tampoco quiero decir más cosas. Con “Los códices…” y “Esoterismo Templario” he hablado del esoterismo cristiano; así mismo en “Esoterismo Templario” y “Claves masónicas de los maestros constructores” he explicado diversas cuestiones del esoterismo islámico, y ahora, con “El enigma de la tradición hiperbórea…” me he acercado al esoterismo hindú y, además, he escrito sobre Hiperbórea y la Tradición Primordial más que en ningún otro libro anterior. Creo que como escritor ya he cumplido con la función intermediadora-mensajera del significado de mi nombre, Ángel. Ahora es tiempo de irse al “bosque” con los Upanisad, Sankara, Guénon, Coomaraswamy, Ibn al Arabi…


- En la contraportada se explica un poco de qué va este ensayo novelado, pero podría ser más explícito.



- La trama es simple: un anciano, profesor de Filosofía, soriano, al que llamaremos Oliverio Ortego, me telefonéa en el equinoccio de primavera para entregarme un diario que me autoriza a publicar. Me cita para una semana después pero no vuelvo a verle porque fallece. Cuando llego a su casa me dan un paquete que el anciano había dejado para mí. Dentro hay un singular caldero celtibérico hallado en Numancia en 1950, año en el que transcurre la acción. El resto del libro es el diario.



- ¿Y qué es lo que describe el diario?


- Oliverio Ortego tiene como padrino al arqueólogo Blas Taracena, a la sazón director del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que fue antes director del Museo Numantino de Soria y director de las excavaciones de Numancia. Taracena se encuentra perturbado científicamente al conocer la iconología central de este Caldero, la cual no puede explicar racionalmente, de ahí que, confiando en su pupilo, le encargue realizar una investigación exhaustiva al respecto. Primeramente, Oliverio se informa sobre lo que los arqueólogos conocen acerca de los celtíberos, especialmente los arevacos numantinos, y luego viaja a Ascona (Suiza) para entrevistarse con Mircea Eliade fundamentalmente, en las “Jornadas de Eranos” de finales de agosto. A través de Eliade conoce a Jung, Dumézil, Corbin y Hesse. Los tres primeros aportarán su “granito de arena” en la indagación que está llevando a cabo. Finalmente, la obra de Coomaraswamy y lo que Guénon le dice a Oliverio Ortego elevan al máximo el interés del libro porque es con ellos donde el protagonista llega a la meta de su demanda, de su búsqueda, y es a través de ellos cómo logra ahondar en el origen y trasfondo metafísico de la iconología numantina y de la religiosidad celtibérica. Por tanto tenemos tres niveles cognoscitivos: el segundo aporta luz al primero y el tercero es el más importante de ellos, el “principial”.



- ¿Todas las explicaciones dadas en el libro son válidas?



- Lo son en su escalón propio, en su nivel. He tratado de ser muy riguroso, en el sentido de que las respuestas que dan los entrevistados corresponden realmente a lo nos han dejado escrito o, cuando no es así, que responden fielmente –a mi entender- con su concepción historiográfica, antropológica, psicológica, cosmológica o metafísica, según cada caso. Ahora bien, cuando el protagonista está en Ascona, descubre que las explicaciones que le dieron en España se quedan “pequeñas”, comparadas a las que conoce en Suiza. Así mismo, una vez en Egipto, tras leer a Coomaraswamy y conversar con Guénon, se le hace patente que lo que aprendió en Ascona es “inferior cualitavitamente” a lo que está conociendo en El Cairo, incluso algunos puntos de vista de quienes le hablaron en Ascona son criticadas por René Guénon. Son, por tanto, tres grados distintos de conocimiento que, vuelvo a insistir, correponderían más o menos a los Tres Mundos: el estado grosero-corpóreo-material, el estado sutil-psíquico y el estado espiritual.


- ¿Puede servir su libro a los arqueólogos contemporáneo?


- Debiera ser muy útil, en mi opinión, puesto que el libro viene a aportar multitud de nuevas interpretaciones sobre diversos aspectos de la religiosidad celtibérica-celta-indoeuropea, y más concretamente sobre la cerámica numantina. El protagonista no se conforma con las explicaciones dadas por los arqueólogos, le resultan insuficientes, así que lo que hace es recurrir, en primer lugar, a las investigaciones europeas de tres grandes autoridades en sus respectivos campos científico-antropológicos como son Eliade, Jung y Dumézil. Mas no contento con ello, comprende que todavía quedan sin explicar muchas cosas, que le falta por conocer “lo esencial”, “lo principial”, “las raíces más primigénias”, y es entonces cuando no duda en embarcarse en un viaje sin retorno: las obras de Coomaraswamy y de Guénon, así como la doctrina del Vedanta de la No-Dualidad. Tanto lo que conoce en Suiza como lo aprendido en El Cairo sirven para explicar, en diversos grados y niveles hermenéuticos, la religiosidad celtibérica y las pinturas numantinas. Tales interpretaciones son posibles: aquí, en mi ensayo novelado queda totalmente argumentado y expuesto. Y ello es debido a que carecemos de textos doctrinales y religiosos sobre los celtas y los celtiberos, en cambio, desde el 1.500 a.C., comenzaron a plasmarse por escrito la antiquísima tradición oral hindú, que es también indoeuropea, como acontece con los celtas y celtíberos. Entonces, lo que hace el protagonista es recurrir a la tradición hindú para, mediante el método de la amplificación, encontrar los elementos analógicos arquetípico-simbólicos comunes y transcribir a continuación textos de los Vedas, Upanishad, Leyes de Manú, Bhagavad Gîta, etc.., complementados con comentarios de Coomaraswamy, Guénon y Sankara, que aclaran el “sentido espiritual tradicional” de las pinturas numantinas y de diversos mitemas y ritos o creencias indoeuropeas- celtas y celtibéricas. Así que, en manos de los arqueólogos está ahora que saquen provecho de tales analogías arquetípico-simbólicas…


Las fotos de objetos arqueológicos corresponden a la "Exposición Celtíberos" (Julio-Diciembre de 2005) del Museo Numantino de Soria.




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Exposición "CELTÍBEROS. TRAS LA ESTELA DE NUMANCIA"
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