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SAN BAUDELIO: ARQUITECTURA Y PINTURAS (1) |
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Teógenes Ortego Frías - 09/01/2005 La ermita mozárabe de San Baduelio en la tierra de Berlanga de Duero es uno de los enclaves más interesantes del arte mozárabe español. De la mano de Teógenes Ortego nos adentramos en su arquitectura |
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LA ERMITA MOZÁRABE DE SAN BAUDELIO EN BERLANGA DE DUERO Autor: Teógenes Ortego. Publicado en "Revista de Soria", Primera época, nº 16, 1972. EN AQUEL TIEMPO... Dentro de la compleja vida del medioevo, grandes aspiraciones de triunfo y de gloria movieron a determinadas clases sociales a lanzarse por los caminos del mundo, bien para mantener sus timbres de nobleza superando toda su suerte de dificultades, o para conquistar nuevos lauros corriendo aventuras propicias en cortes, torneos y contiendas bélicas. En este campo los hijos más esforzados debían poner en juego sus dotes de valor y audacia; otra cosa sería caer en la vergüenza y menoscabo de haber pasado la juventud sin haber logrado un nuevo símbolo de honor para su escudo. No pocos, ajenos a estas lides imbuidos de un ideal religioso, cumplían su misión vocacional buscando a Dios en la serena disciplina del claust o o en la soledad de una cueva, llevando por todo bagaje el ascetismo en el alma. Aquí, bajo la advocación de un Santo titular del que se procuraban alguna reliquia a la que rendían culto, sentiánse preservados de las calamidades terrenales, y con devoción y austero sacrificio procuraban ganarlo también para que fuera su mandatario en el cielo. De este modo fueron naciendo en apartados lugares, focos de espiritualidad transcendente en la vida del país. Y entre tantos, justa fama debió cobrar el primitivo eremitorio de San Baudelio, cuando en una de las etapas más inestables de estas tierras del Duero, como zona permanente disputada entre árabes y cristianos, hubo de sostenerse en pié, contra todo evento, la obra excelsa de un mozárabe, edificada a finales del siglo XI, que si al cabo del tiempo maravilla en su evocador silencio, había de responder entonces a un profundo y generoso impulso, tratando de conjugar el ideal de vida anacorética mantenido en la beatífica cueva, con otras organizaciones religiosas basadas en los ventajosos principios de vida comunitaria.
Merced a esta conjunción se hacía posible el milagro de esta Iglesia-monasterio alzado en "tierra de nadie" y sostenido con creciente dignidad, pese a sus vicisitudes, hasta la situación en que hoy podemos contemplarlo. Muy pronto quedó incorporado a la jurisdicción eclesiástica de Berlanga de Duero, y como filial del Arciprestazgo de este nombre, figurará repetidamente en los documentos medievales. La más antigua noticia que de la existencia de este Monasterio ha llegado hasta nosotros data del año 1136, según consta en un diploma del archivo de la Catedral de Sigüenza, referido a la sentencia del Cardenal Guido, enviado del Papa Inocencio II, para solucionar definitivamente los discutidos límites de las diócesis de Sigüenza, Osma y Tarazona. Con este motivo, en el Concilio de Burgos se decretó, que de lo que pertenecía a Osma se asignaran a Sigüenza numerosos pueblos, con todos sus términos y heredades, entre los que figuraban Berlanga con el Monasterio de San Baudelio. "Berlangam cum omnibus términis suis et cum monasterio sancti Baudili". La sentencia fue confirmada ese mismo año por Alfonso el Emperador, y dos años más tarde, la Bula del mismo Papa aprueba la decisión del legado pontificio sobre dichos límites. El Monasterio fue donado al Cabildo de Sigüenza por el Obispo don Bernardo en 1144, y cuando a fines del siglo XIII se creó el Deanato en vez de Priorato, lo asignó el Prelado don García a la nueva dignidad. A partir de estas fechas otros documentos siguen aludiendo al Monasterio y hasta el siglo XVII hay constancia de que conservó en sus proximidades una casa para algunos ermitaños y viviendas para contadas familias, que cultivarían las tierras y cuidarían los ganados que económicamente formaban unidad con ermita. Sin embargo, nunca debió existir una Comunidad numerosa. Las circunstancias de emplazamiento, incluso, no eran favorables, y en algún documento se escatima el nombre de Monasterio llamándole monasteriolo. Transcurre el tiempo con grandes etapas de silencio sobre cuanto pudiera referirse a estas propiedades que, desvirtuadas y sin custodia, pasaron a manos extrañas a causa de la desamortización, quedando sumidas en su propio abandono. En tanto, el culto a San Baudelio o Baudilio mártir, se extendía por la región. No sabemos las alternativas subsiguientes hasta 1866, en que aparece como nuevo propietario de la ermita y tierras de San Baudelio, don Pedro José de Cea, señor que fue de la casa de San Baudelio de Berlanga y poseedor del mayorazgo de igual nombre. Otros propietarios le sucedieron, según consta en las inscripciones del Registro de Almazán, hasta que en 1893 fueron adquiridas, finca y ermita, por doce vecinos de Casillas, en cuyo término se hallaban enclavadas. HACIA LA ERMITA Para visitar la ermita de San Baudelio, una carretera local nos conduce desde la histórica villa de Berlanga de Duero hasta la aldea de Casillas. En el trayecto remontamos en ocho kilómetros hacia el sur, la risueña vega del Escalote. Desde Casillas unos dos kilómetros nos separan de la ermita, a la que podemos acercarnos en tiempo seco con cualquier clase de vehículos. Entre el final de este camino y nuestro objetivo, ya Interior de la ermita visto desde el ábside a la vista queda todavía la suave barrancada, que bueno es cruzarla a pie en su doble juego y ganar la pendiente opuesta por la senda contigua a un pobre regato en cuyo origen sonrie la mansa pocita de un constante y puro manantial. Unos pasos más nos enfrentan con los muros de la ermita que, en un paseo de ronda, hemos de contemplar exteriormente. ASPECTO ARQUITECTONICO
Presenta el conjunto dos cuerpos rectangulares de proporciones distintas; más reducidoel de menor altura que corresponde al ábside. Ambos se hallan cubiertos por sencillos tejados de cuatro y dos vertientes, con un eje longitudinal que nos da la orientación N.E - S.O. El aparejo de los muros, de casi un metro de grueso, es de vulgar mampostería, apoyada en grandes sillares de roca detrítica; las esquinas y guarniciones de los vanos son de medianos sillarejos de caliza basta, no siempre bien cortados. Las recientes obras de conservación han vaciado los arrastres pluviales de la pendiente que soterraban el zócalo de la pared de mediodía produciendo filtraciones y deterioros en el interior de la ermita. Centrado el testero del cuerpo menor queda a saliente una ventanita rasgada con arco de herradura y en el lado opuesto otra resuelta, al modo tradicional, con arco de medio punto. Dentro de la sencillez exterior, la puerta de ingreso nos brinda la primera curiosidad con su arco de herradura doblado en la arquivolta y correspondientes jambas. Las impostas forman con los salmeres una sola pieza como se advierte en ejemplares cordobeses. Todo ello nos invita a penetrar en un recinto tan extraño y sorprendente como la propia portada. Ya en el interior, sobrecoge un tanto la espectacular visión de conjunto. En limitado espacio se agrupan columnas y arcos, nervaduras y bóvedas, recoletos recintos en gracioso juego arquitectónico, y, por doquier, nos envuelven los paramentos con rasguños de sus frisos desollados, que todavía nos muestran algunos detalles aislados o las siluetas de las figuras a causa de la pintura al fresco absorvida por el enlucido de los muros, lo cual nos permite identificar las escenas que dieron lustre ornamental y profundidad evangélica a este recinto sin par.
Su estructura consta de una nave rectangular de 7,30 x 8,50 metros, seguida de un ábside en cabecera de 3,60 x 4,10 metros. En el centro de la nave destaca una pilastra cilíndrica de hiladas de piedra, de la que arrancan ocho nervaduras a modo de ramas de palmera cuatro diagonales hacia los ángulos que presentan trompas cónicas en herradura sobre las que cargan resaltes en chaflán para apoyo de los arcos. Alternan con éstos, otros cuatro arcos desde la columna hacia la mitad de los lados, apoyándose en el arranque y en los medios en un voladizo, lo cual exige menor radio y mayor peralte en el desarrollo de los mismos. Todos los arcos son de herradura y trasdosados por muretes simétricos, que en su alternancia comparten la carga del abovedamiento aligerado por el empleo de tobas bien trabadas, ofreciendo un conjunto de tipo esquifado con ocho semihusos deprimidos. En la parte superior de la pilastra central o columna, y cobijada por el vuelo de los arcos, se encuentra una primorosa linterna cilíndrica cuyo diámetro no excede de un metro. La visión interior es posible por unas lumbreras acorazonadas, y el conjunto se cubre con una cupulilla de seis nervios ; cuatro de ellos colocados simétricamente dos a dos, los cuales cargan en los otros dos cruzados en el centro. Tal disposición nos recuerda las típicas bóvedas mahometanas de la Mezquita de Córdoba y del Cristo de la Luz en Toledo, por ejemplo.
Es de suponer que esta pieza arquitectónica, construida amorosamente en sitio tan recóndito, se destinara a guardar reliquias, preseas sagradas u objetos litúrgicos, siempre en peligro de profanación y robo en estas zonas de frontera, en la que las acciones bélicas menudeaban en función de la codiciada plaza de Berlanga en la línea del Duero. En el cuerpo correspondiente al ábside se encuentra la capilla principal con gran entrada de arco de herradura y cinco escalones ascendentes, que salvan el desnivel entre este piso y la nave. Todo su espacio se cubre con bóveda de medio cañón de arranque liso sobre el muro. La ventana central hacia saliente diverge con su derrame interior abocinado y arco de herradura. Debajo queda la mesa de altar que todavía conserva el larguero del antipendio, recorrido por apretada inscripción gótica, en el que se apoyaba el retablo desaparecido, acaso del mismo artífice que construyó el de la Capilla de Santa Ana para la Colegiata de Berlanga, fechadocon similar grafía en 1494.
En el cuerpo de la nave principal, hacia poniente, se desarrolla un sistema de pequeñas columnas, con arcos de desarrollo habitual y bóvedas cuya altura media es de 1,85 metros, los cuales forman cinco naves que sirven de paramento al coro. Las columnas carecen de capitel y se apoyan en un plinto descantillado, excepto las centrales que llevan sencillas molduras con indicio de talla en sogueado. Ascendemos al coro por una escalera compuesta por piedras poco labradas y lastras incrustadas en la roca viva del muro, apoyándose en rampa escalonada de mampostería hasta elvano del antepecho de entrada al coro, desfigurado por rotura. Nueva y deliciosa sorpresa nos depara la minúscula capilla o tribuna que avanza en el antepecho del coro hasta el pilar central. Su planta cuadrada no excede de 1,10 metros de lado. Dosfustes enanos con su arco delimitan la puerta de la tribuna ; la bovedilla se resuelve con medio cañón de arranque liso. En la parte baja resaltan arquillos semicirculares con fuste intermedio sin acusar capiteles. Sobre aquellos se abre una lucerna con arcos de herradura, que domina discretamente, desde el coro, la entrada a la iglesia. El pequeño recinto se emplazó en situación preferente con esmerada decoración propia de una recoleta capilla, acaso con dignidad de tabernáculo, donde podrían celebrarse en privado ceremonias de culto. A sus espaldas, en el hastial de poniente se encuentra una ventana de medio punto y en el del norte otra abocinada con arco de herradura tapiada de antiguo. Ambas iluminan débilmente el coro.
Volviendo a la planta baja sólo nos queda por recorrer en el rincón hacia el sur, una gruta angosta que penetra en la roca y ofrece dos concavidades laterales excavadas artificialmente. Este sería el recinto habitable del primitivo anacoreta, el cual, con su aureola de solitario virtuoso, originó, en su honor, la edificación que hoy podemos contemplar. Hasta aquí la rápida visión arquitectónica de la Ermita, la más mahometana y la más tardía de las mozárabes hispanas, tras lo que se impone el análisis de la complejidad pictórica que atesoran sus muros. Nota: las fotos son de 1923 y corresponden al artículo, la última es de Juan Cabré, también en torno a dicho año.Los dibujos están tomados del artículo de Teógenes Ortego. Enlaces relacionados: Artículos mágicos sobre San Baudelio Restaurados frescos colocados in situ En la literatura: LAS TABLAS DE AGHARTA |
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