DE TORRES DEL RÍO A SANTA MARÍA DE EUNATE (Navarra)
ÁNGEL ALMAZÁN DE GRACIA - 10/25/2004

Crónica viajera con impresiones personales sobre Torres del Río, monasterio de Irache, Estella, Cirauqui, Puente de la Reina, Santa María de Eunate y Olcoz, prolegómenos de un próximo libro
 


Siempre es grato recorrer algún tramo del Camino de Santiago. Y en esta ocasión ha sido muy especial porque, sin proponérmelo, he regresado a Soria con el proyecto de un libro que comienza en Córdoba y concluye en un territorio navarro del Camino de Santiago: entre Torres del Río y Santa María de Eunate.


Las cosas son así: surgen de dentro, sin esperárselo uno mismo.


No había estado en Torres del Río nunca. Por supuesto que he leído acerca de su iglesia octogonal en varios libros, especialmente en obra de García Atienza y Rafael Alarcón. La visita fue rápida, pues ya era tarde para su guardesa-guardiana.


Me sorprendió muchísimo la preponderancia tan grande que existe de elementos iconológicos islámicos, tanto en el interior como afuera. Y las pequeñas celosías me recordaron por un instante mi peregrinar por Albendiego (Guadalajara).


Me compré el librito o guía del enclave. Allí se insiste en que no hay documento alguno que testimonie la presencia de la Orden del Temple allí, y que es muy dudoso que perteneciese en algún momento a los templarios. Claro que, si uno acude al Albergue de Peregrinos, recibirá información al respecto y explicaciones respecto a que, por exclusión, pudo ser el Temple directamente, o financiando a los constructores, los impulsores de este templo.


Y proseguí la marcha, camino de Ayegui, para recalar en el monasterio de Irache, que era la razón de mi viaje para asistir a una mesa redonda sobre los Templarios al lado de Fernando Arroyo Durán, presidente de la Asociación Templespaña y Raúl Risco Martínez, miembro de la misma; acto organizado por el ayuntamiento de Ayegui.


La portada, románica, me enajena. Inmediatamente percibo el crismón, con la mano de la bendición sosteniéndolo. Y en los laterales de la portada veo entusiasmado entrelazos de raíz islámica. En uno de ellos, en su centro, está el Agnus Dei....


Pero es que, además, en esta portada y su acceso se encuentran nada menos que dos representaciones de los Cuatro Santos Coronados, los copatrones de las cofradías de constructores del Medievo y de la francmasonería. Las dos figuraciones corresponden a los dos aspectos: el exotérico y el esotérico. Este segundo me llega al alma cuando me doy cuenta de ello en una segunda visita, en la mañada del domingo, día 24. Dentro, en la iglesia, también hay elementos iconológicos dignos de ser reseñados.



Por la noche bajo a Estella con mi esposa y, de la mano de dos cofrades de la Hermandad del Crismón, nos acercamos a contemplar la maravillosa portada de la iglesia de San Miguel, donde campean dos crismones, uno de ellos dentro del libro que sujeta Dios Padre.


Tenemos suerte: el joven sacerdote nos abre la puerta y podemos ver su interior. Mis ojos se fijan en el San Miguel que preside el retablo barroco central, y luego observo la Cruz de Ocho Puntas que está esculpida en el pectoral de la efigie funeraria de un caballero hospitalario del siglo XV o XVI. Y en la vitrina de las reliquias me quedo prendado de la argentéa cruz patriarcal, tan laboriosamente "decorada", que es un "Lignum Crucis" proveniente de un pueblo próximo en el que hubo -documentalmente contrastado- una encomienda templaria.


Y llega el domingo.

Recorremos, mi esposa y yo la ciudad de Estella. Subimos de nuevo a San Miguel para observar con más detenimiento su magnífica portada, y cruzamos el puente medieval para acercarnos al Santo Sepulcro. Los apóstoles con sus emblemas en estatuaria exenta. Y en las arquivoltas, en su punto central, hay ángeles en cada "cielo". Uno de ellos porta un singular crismón no redondo.


Pasamos junto al Albergue de Peregrinos y subimos a la portada norte de San Pedro, con sus arcos lobulados, de origen musulmán. Hay aquí un crismón también. Y un centauro junto a una sirena de doble cola, como en las iglesias sanestebeñas sorianas. Los arcos lobulados me recuerdan a los de Caltojar y el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, en Soria; pero estos de Estella están mejor "decorados".


Cojemos el coche y seguimos, "a la contra", el Camino de Santiago. Siguiente parada: Cirauqui. Aquí veo muchos motivos iconológicos similares a los de San Pedro, pero mucho mejor conservados. Y unos modillones califales encima de la portada que siguen indicando, como los arcos lobulados, que por aquí pasaron alarifes que subieron desde Al Alndalus a estas tierras. La iglesia se encuentra en lo alto del pueblo, y los peregrinos tienen que subir por la empinada cuesta hasta el Albergue.. ¡Pobres diablos..! ¡Después de la caminata, les obligan a subir hasta casi la cima del pueblo para poder descansar y sellar su visita...!


Proseguimos el viaje y nos detenemos en Puente de la Reina. En la iglesia de Santiago, nuevo crismón -alucinante- en su portada sur, y otro en la oeste.


Y ahora sí... Ha llegado el momento cumbre: Santa María de Eunate.Hace al menos diez años que estuve aquí. Ahora, la puerta está abierta, y puedo penetrar... Saco fotos, miro, medito..., y las lágrimas surgen por sí mismas.


Antes de enfilarnos hacia Soria, nos acercamos a Olcoz, para contemplar su portada románica, en perfectísimo estado de conservación, y que es, en gran medida, un calco especular de la portada septentrional de Eunate. Y mientras miro con delectación los altorrelieves escucho centenares de graznidos. Miro al cielo: son varios grupos de grullas que allí mismo, sobre Olcoz, se organizan en VVV para seguir, ordenados jerárquicamente, su emigración hacia el Sur...


Y ésta es la crónica sentimental de este viaje, cuya plasmación esotérica espero describir en un libro que bien pudiera estar publicado antes de que comience la primavera de 2005.



Enlaces relacionados:
El Enigma de Eunate (1)
El Enigma de Eunate (2)
El Enigma de Eunate (y 3)

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