AGUILERA: EPONA, ROMÁNICO Y TEMPLARIOS (1)
ÁNGEL ALMAZÁN DE GRACIA - 1/18/2004

En el Camino del Cid se localiza Aguilera, un pequeño pueblo con casas de adobe, en la ladera de un cerro en cuya parte media se encuentra una iglesia románica con galería porticada, de la que hablamos aquí.
 



Este artículo lo escribimos por vez primera (no así el segundo, que es de 1996). Los datos básicos los hemos tomado de lo último que se ha publicado sobre Aguilera: la Enciclopedia del Románico de Castilla y León.




Aguilera se encuentra a diez kilómetros de la fortaleza califal de Gormaz y a cuatro de la villa de Berlanga de Duero, a cuyo marquesado perteneció durante siglos. Se halla, por tanto, en un itinerario que fue seguido varias veces por Almanzor y que aparece asimismo en el Cantar del Mio Cid de la mano de las dos hijas del héroe castellano. Hasta es probable, dicen los historiadores, que el poderío andalusí califal, levantase a mediados del siglo X alguna atalaya o pequeño castillo en el alto del cerro que domina el pueblo, aunque no se vea hoy nada de ello.


Así lo parece sugerir la “Crónica Silense”, en la que aparece citado Aguilera al dar cuenta de los lugares conquistados por Fernando I, en 1060: “Post cuius triunphun oppidum Aquilera inuasit, castroque Santi Iusti triunfato, Sancte Mayre municipium pugnando cepit”. Asimismo, el 19 de mayo de 1097, pasó por Aguilera el rey Alfonso VI camino de Zaragoza.


A partir de 1136, con la delimitación de las diócesis de Osma y Sigüenza llevada a cabo por el cardenal Guido, Aguilera estará sometida a la autoridad seguntina, pese a estar a menos de una veintena de kilómetros de Osma.


Madoz: “Fuera del pueblo, en el sitio que ahora es dehesa, como a 200 pasos, hubo un convento que por tradición se dice haber pertenecido a los caballeros del Temple, y del cual no se conservan más vestigios que piedras labradas distintamente y con primor, que se extraen cavando el suelo”.


De estilo románico es el templo parroquial de San Martín de Finojosa con su pórtico, aunque con algunas reformas posteriores. Sillería y mampostería, en caliza y y piedra arenisca, conforman su fábrica. Adosada al sureste tiene una torre con bastantes sillares románicos, aunque ello no es suficiente argumento para situar su edificación en la época románica, en opinión de J.N.G (“Enciclopedia del Románico de Castilla y León”), quien opina que “pudo levantarse en algún momento entre los siglos XV y XVI o incluso en tiempos posteriores”. La base de la torre sirve de sacristía.


Hasta 23 canecillos de nacela, toscos, se conservan en el muro norte, y 24 en el sur, a los que hay que añadir otros cuatro que oculta la torre.


En la portada hay seis capiteles con diversos motivos, que J.N.G, interpreta así, de oeste a este:

- Diez cogollos en dos grupos de cinco que se rematan con finas volutas.
- Dos aves afrontadas, tal vez cigüeñas, con las alas desplegadas, que están cogiendo algo con sus picos.
- Arpías afrontadas con una cola larga de dragón.
- Dos personas matando a un león: uno le clava una espada mientras le coge de la cabeza y el otro cabalga encima y le agarra también la cabeza.
- Dos hombres sujetan a otro por una mano y un pie cada uno y lo mantienen en vuelo, boca abajo.
- Diez hojas palmeadas en dos grupos de cinco, estando las hojas abiertas mientras que en el lado opuesto estaban cerradas.


La galería porticada denota haber sido reconstruida en su totalidad, “quizá al hacerse la torre o al renovarse el muro de poniente de la nave, o tal vez en ambas ocasiones”, según considera J.N.G.


En su lateral meridional, a ambos lados de la puerta, hay dos series de arquerías con tres y dos arcos, entre los cuales pueden verse varios tableros incisos que debieron servir para el entretenimiento con juegos de alquerque. La decoración de los capiteles es de hojas de acanto.


Mucho más interesante es el doble capitel que rematan dos columnas geminadas, decorados en sus cuatro caras: “una gran cabeza monstruosa ocupa la esquina noroeste a la que sigue, en el sentido de las agujas del reloj, una especie de arbolillo al otro lado del cual, hay un personaje vestido con un mandil –o quizá con un pellote- que sostiene una gran botella en su mano izquierda; le sigue otra gran cabeza, ahora humana, ocupando el ángulo y dando paso a un ave de alas desplegadas que ocupa el lado interior corto y a continuación de la cual –ya en el lado largo- aparece un personaje con los brazos levantados, a cuya vera se disponen otras dos aves afrontadas, con las alas plegadas, a las que siguen otras dos en idéntica actitud, ocupando estas últimas el otro lado corto”. Para J.N.G, que es el autor de esta descripción, estamos ante “dos series de escenas de enigmático desarrollo y muy tosca talla”.


Cerca de la mesa del altar, en el interior, hay dos laudas sepulcrales que podrían ser de los siglos XV o XVI. Asimismo puede verse dentro de la nave un apila bautismal con bocelillo en la embocadura y decoración de gajos, seguramente de finales del románico (finales del XII/comienzos del XIII).


Asimismo se conserva una losa de 109 cms. de longitud, 52 cm. de ancho y 18 cm. De espesor, proveniente al parecer del desmonte de un puente, con dos escenas de personajes, “identificándose claramente en una de ellas un caballo o mula con arreos y carga, y en la otra tal vez un personajes”, en consideración de J.N.G, que reconoce desconocer su “significación, utilidad y cronología, aunque pudiera ser una pieza románica”.


Las numerosos sillares con aristas de bocel embutidos en el muro del atrio es probable que pertenezcan a otro templo anterior. “En este sentido parece ser que pudieron llegar de lo que en la localidad llamaban el convento de los Templarios –del que hablaba Madoz-, completamente desaparecido y situado unos 500 m. al norte del pueblo, junto a una fuente. Aún se recuerda en el pueblo cómo se trajeron de allí numerosas piedras hace ya muchos años, quizá entre ellas la losa decorada que acabamos de describir. Igualmente cabe destacar la presencia de una estela medieval en el lado occidental de la torre, a la que debe sumarse otra publicada hace algunos años, descubierta en el viejo cementerio”.


Para Gaya Nuño, esta iglesia debió construirse a mediados del siglo XII, pero J.N.G estima que todo el edificio se alzó a finales de dicha centuria, incluido el pórtico.



Notas varias



- No podemos coincidir con J.N.G. en algunas cuestiones. Así, por ejemplo, un examen simple de las marcas de cantería, evidencia que la parte inferior, de piedra sillar, de la torre, dentro de la galería porticada, son idénticas a las del hastial de poniente de este pórtico, en la que se advierten dos canteros distintos, a tenor de sus marcas, como acontece igualmente en la parte de la torre que señalamos. Parece obvio, por tanto, que existió una torre románica, contemporánea del pórtico, y que, o bien no se terminó de concluir o se hizo posteriormente, incluso centurias después.


La portada, por otro lado, es de piedra sillar, mientras que la mampostería es lo que tiene a ambos lados y, además, se observa que no se concluyó en su remate superior. O sea, que existe una gran disparidad arquitectónica entre esta portada y la fachada exterior (no hemos podido en esta ocasión verla por dentro, como sí lo hicimos en 1996, pero ya no recordamos cómo es el templo por dentro).


- Discrepamos igualmente que la estela del cementerio sea medieval. Ya sabemos que se ha escrito que lo era, más su grabado es único en la iconología medieval que conocemos, tanto en edificios como en estelas. Además la piedra tiene una textura distinta, y todo nos hace sospechar que no tiene más allá de medio siglo de existencia.


- No está tan claro que la losa del caballo, existente en el interior, sea románica. Por otro lado, J.N.G. parece desconocer plenamente la opinión de Teógenes Ortego al respecto, quien postuló que estamos ante un ara celtibérico-romana dedicada a la diosa Epona, si mal no recordamos. Esta losa, según nos ha comentado personalmente Pascual Molina Molina –que tiene un pequeño museo etnográfico particular junto a su bodega- la colocó un abuelo suyo para salvar una acequia, a modo de puentecillo, de donde se llevó a la iglesia, si bien la incógnita persiste en cuanto a la localización anterior que tuviera dicha piedra, de la que hablaremos en la segunda parte de este artículo. El cementerio, por cierto, se encuentra al este, o sea, junto al ábside, y no al norte como hemos leído en J.N.G. Por otra parte, nuestra inspección visual de la fachada no ha sabido reconocer ninguna otra estela, lo cual no quiere decir que no esté.


- El personaje con los brazos levantados ante dos aves nos recuerda particularmente un personaje parecido, aunque de mejor talla y conservación, que también se halla ante dos aves, sito en un capitel de la iglesia románica de San Miguel de Almazán, que según Gaya Nuño es una de las representaciones estereotipadas de uno de los Hércules orientales.


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