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LOS LLAMOSOS: UN TEMPLO SINGULAR |
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JUAN ANTONIO GAYA NUÑO - 05/11/2003 Lo mozárabe, románico y mudéjar se complementan en la sencilla iglesia parroquial de Los Llamosos, a pocos kilómetros de Soria. La planta del ábside y el arco de triunfo son de arco de herradura. |
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LOS LLAMOSOS Sobre una eminencia, y a once kilómetros de Soria, Los Llamosos es pueblo sin historia conocida; pero su iglesia, de traza mezquina como todo el pueblo, es de las más antiguas de la provincia y de singular estructura. De una sola nave, presbiterio y ábside; sus dimensiones son muy reducidas, y su paramento, de mampuesto muy compacto como pudinga con esquina de sillería, muy liso y uniforme, estando asentada toda la iglesia sobre roca viva. El muro sur tiene agregadas una sacristía, baptisterio y torre, siendo igualmente postizos el muro oeste y parte del norte.
En todo el muro del mediodía el alero es sencillo, de nacela, sostenido por canecillos uniformes de un rollo revuelto en espiral. La única ventana, abocinada, lleva arquivolta de billetes y bolas, todo tan rudo como lo que más de San Esteban, rudeza acentuada por el enlucido gris de fa mampostería. También en el muro sur se abre la puerta hoy bajo un tejaroz, pequeña, sencilla y sin tímpano, pero con cuatro arquivoltas de arcos de herradura muy pronunciada, excediendo del semicírculo casi un cuarto de radio. Está encalada, pero se perciben sus arquivoltas de billetes la primera; otra, de bolas; la tercera, baquetonada, y la cuarta, lisa sobre jambas. Debido a lo tosco de la factura, las impostas no están al mismo nivel, sino bastante más alta la de la derecha, y son de billetes, excepto en la tercera arquivolta, en que son de roleos y sirven de ábacos a dos capiteles sobre columnillas. Aquellos son muy pequeños y altos, representando el de la izquierda dos caballos afrontados con una sola cabeza, comiendo algo en el ángulo. El. de la derecha lleva frutos bulbosos sobre altas hojas, de una gran rudeza y arcaísmo. Ante la decoración de esta puerta se piensa involuntariamente en San Esteban de Gormaz.
El resto del exterior muestra en el ábside igual aparejo con una ventana central semejante a la citada. Los canecillos son ya variados, toscos en general, pero con profusión de cabezas de animales alternando con los rollos, y lo que salta a la vista es que la curva del ábside no es un semicírculo como en los casos corrientes, sino un arco de herradura. Al interior, esta presunción se confirma totalmente; la planta del ábside es de acusadísima herradura, excediendo en un cuarto de radio al semicírculo, e idéntico es el arco sobre jambas que lo separa del presbiterio.
El ábside se cubre con bóveda de cuarto de esfera, y el presbiterio, de irregular planta que semeja un trapecio, voltea una bóveda de medio cañón. Su prolongación hasta la imposta, bien visible, no llega a acusar la herradura, siendo más bien la bóveda un medio cañón peraltado. La imposta que corre por el presbiterio es sencilla y todo está muy encalado.
El arco de triunfo que separa presbiterio y nave, es de herradura, asemejándose en todo a las obras mozárabes. El despiezo de sus dovelas no es muy de fiar por lo repintada que está la curva, pero parece radial. Se apoya este arco sobre medias columnas adosadas a los muretes que para la división avanzan del muro y lleva grandes capiteles, muy desfigurados por la cal y la pintura, que dejan ver en el de la epístola palmetas con frutos bulbosos, bajo alto ábaco, y en el evangelio igual tema, pero de bulto más vivo. En cuanto a las basas, son altas y de garras sencillas. La nave no tiene bóveda, pero conserva un magnífico alfarge mudéjar ochavado, de pares y nudillos con faldones a los cuatro lados, y en los ángulos, atirantados por tirantes sencillos. La composición del dibujo es muy sencilla, sin lazos en el harneruelo ni en las limas, sin más que simples vigas paralelas. En el lado del testero, esto es, sobre el arco de triunfo, el trapecio se disimula por pechinas triangulares de madera tallada. Aunque no se conservan los colores originales y en general sea pobre y sencillo de decoración, es en conjunto una buena armadura morisca del XIV o XV.
No es sorprendente hallar este último detalle mudéjar (aún posterior a la fábrica de la iglesia y a su ampliación) en un edificio de características tan marcadamente influenciadas por los musulmanes. Los arcos de herradura, dentro de su envoltura románica, diríanse mozárabes, tanto el de la puerta como el de triunfo, .y la planta ultrasemicircular del ábside, poco frecuente en el románico, aunque no excepcional en el de Zamora, hacen pensar para esta iglesia en una, descendencia póstuma de la arquitectura mozárabe. Sobre todo, la planta del ábside es elemento preciso de las iglesias del ciclo mozárabe, y en sus postrimerías lo vemos con envoltura exterior cuadrangular en la iglesia de Villarmún, con arcos de herradura y capiteles ya románicos. Después de esta iglesia, y en la capital zamorana, el enlace de lo mozárabe y lo románico se da en la iglesia de San Claudio, que también acusa al exterior la herradura del ábside, respondiendo al mismo momento evolutivo que Los Llamosos y a igual influencia mudéjar, resultando nuestra iglesia, por esto y por sus capiteles, de tan excepcional primitivismo pagano, como hijuela mozárabe persistente en la provincia de Soria por el arcaísmo de la arquitectura regional. Arcos, ábside y capiteles, coincidentes en su tosquedad, fuerzan a catalogar el monumento como perteneciente al primer cuarto del siglo XII y poco posterior a San Esteban de Gormaz. En fecha más tardía no cabe pensar, pues sería la del románico de los contornos, y parece absurdo suponer que nada iba a influir en ellos la colonia mozarabizante de Los Llamosos. El texto corresponde a la obra de J.A. GaYA NUÑO "El románico en la provincia de Soria", Instituto Diego Velázquez, Madrid, 1946. Recientemente ha sido reeditado por el Centro de Estudios Sorianos. |
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