C I H U E L A
Ángel Almazán - 30/11/2002

La Ruta de Duguesclin se interna desde Monteagudo de las Vicarías a Ariza para luego penetrar por Deza a la provincia de Soria. Junto a Deza está Cihuela, en la raya con Aragón.
 

Publicado en la prensa soriana durante 1994 y recogido en "Revista de Soria" . nº 9-Verano de 1995. Es la segunda parte del artículo titulado "Deza y Cihuela. A las puertas de Alhama de Aragón". Deza perteneció a Duguesclin y posteriormente, al igual que Cihuela, a descendientes de un capitán de Duguesclin, Bernal de Bearne, que fue el primer conde de Medinaceli y tal vez igualmente caballero neotemplario subordinado a Duguesclin, al que se cree gran maestre neotemplario.



Y llegamos a Cihuela.

Un año atrás me encontraba en Francia ante el castillo roquero del "pog" de Montsegur, y ahora el castillo, también roquero, de Cihuela, situado en lo alto de un cerros y con aparentes farrallones al lado, me lo recuerdan.

Bajo del coche junto a las primeras casas y subo por la pequeña loma,
horadada por bodegas abandonadas y semiderruidas, para sacar fotos
como un enajenado. Y es que, desde dicho lugar, el hechizo del conjunto
que forman los roquedales escarpados, el castillo, la iglesia y el pueblo, es tremendo.

Las murallas se han adaptado totalmente al escabroso terreno,
como sucede en Ciria o Calatañazor.


El de Cihuela conserva el lienzo este de su torreón prismático y algo de las murallas almenadas de punta de diamante con su puerta y ventanas; el algibe se encuentra cegado, como en tantos otros castillos sorianos, y sorprende el reducido espesor de los muros que dificultaría el tránsito de los rondadores, en opinión de Clemente Sáenz Ridruejo y Florentino Zamora Lucas.

El castillo fue propiedad del condestable don Álvaro de Luna por donación de Juan II realizada en 1444.

Blasco destacaba el enclave de "Valde la Padrina". Leámos lo que decía: "... existe entre piedras un orificio por el cual se escapa cierto vapor cálido que aún en el rigor del invierno impide que las nieves se cuajen junto al boquete y contribuye a que en vez de carámbanos se formen pequeños glóbulos acuosos a manera de perlas que llaman con fundamento la atención de los curiosos, de igual modo que les hace discurrir el ruido semejante a corriente de agua precipitada por peñascos que se advierte aplicando el oído a la tierra".



José Luis Sampedro


El escritor J.L. Sampedro paso su octavo año de vida en Cihuela. Aquí aprendió a amar los libros. Así lo relata él mismo:

"Pasé de la internacionalidad permisiva a la Edad Media, prácticamente, cuando mis padres me enviaron a casa de una hermana de mi padre, casada con un médico que ya no ejercía por razones de salud, en Cihuela, un pueblecito de la provincia de Soria. A los ocho años me vi sumergido en la vida campesina más tradicional, asistiendo al ritmo de las cosechas y las tareas rurales. Un año entero en ese mundo, entonces incluso sin radio y sólo con la llegada del periódico, aplastado además por la sensación -injustificada en la realidad pero para mí cierta- de que había sido desterrado de mi casa, desde donde sólo me llegaban cartas y revistas infantiles que mi madre me enviaba cada semana. Y a la vez que el influjo de esa vida rural experimenté el de unas lecturas inesperadas, pues en un viejo armario descubrí folletines ilustrados que empecé a devorar: desde "Los tres mosqueteros" y "Veinte años después" hasta "Rocambole", obras de Paul Feval y otras semejantes. Tengo por seguro que la lectura como refugio, la literatura como mundo propio, se abren para mí en aquella etapa... Después otro salto: Zaragoza. Mis tíos, de acuerdo con mis padres, me llevaron al colegio del Salvador, regido por jesuitas, que era el más distinguido de la ciudad. Allí entré unos meses de interno, mientras mis tíos seguían en Cihuela".
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