![]() |
|
PEDRO: LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL VAL (1) |
||
|
TEÓGENES ORTEGO - 01/12/2003 Teógenes Ortego defendió la génesis visigótica de la actual ermita de la Virgen del Val en Pedro y en el ensayo que publicamos lo argumentó a la par que habló largamente sobre la iconografía visigoda. |
|
|
|
||
|
La ermita hispano-visigoda de la Virgen del Val. en Pedro (Soria). Situación En el extremo meridional de la provincia de Soria, junto a las estribaciones de la sierra de las Cabras, que jalona la divisoria de esta provincia con las de Segovia y Guadalajara se encuentra la aldea de Pedro, nacida al pie de los copiosos manantiales que originan con su caudal el río del mismo nombre. Al noroeste del poblado se desarrolla un pintoresco y ameno paisaje que el Pedro fertiliza, y entre la umbrosa fragosidad del paraje se alza la ermita de la Virgen del Val. A simple vista se nos ofrece insignificante, tanto por su simplicidad arquitectónica como por la modesta calidad de los materiales constructivos. Una nave y un ábside rectangulares con tejado a dos vertientes y sencillo pórtico apoyado en postes de madera nada extraordinario pregonan. De aquí que este viejo eremitorio, centro de la tradicional devoción lugareña a la Virgen del Val, permaneciera totalmente ignorado en el mundo del arte, hasta que, en reciente visita, se nos brindó la oportunidad de descubrir sus notables vestigios hispano-visigodos, suficientes por sí para dignificar la aparente pobreza material de esta vetusta construcción, cuyo interés sube de punto, dados los escasos vestigios arquitectónicos que nos quedan de la citada época.
Notas históricas La primera noticia documental que poseemos de la aldea de Pedro se remonta al año 1140, con motivo de permutas territoriales entre Alfonso VII y el obispo de Sigüenza don Bernardo de Agen. Convenía entonces al Emperador, por razones tácticas, disponer sin limitaciones de la villa soriana de Serón, por lo que se propuso al prelado el cambio de ésta por la de Caracena. La operación concertada cobró mayor amplitud, recibiendo además el prelado las aldeas de Pedro, Tiermes, Castravo y otras heredades, compensadas por su parte con los prevertos de los diezmos reales de Almazán, Berlanga y otras importantes villas de la diócesis . Más adelante (pág. 243), el mismo P. Minguela nos informa sobre el celo organizador de los prelados inmediatamente de la Reconquista, hasta el extremo de que, a fines del siglo XII, las iglesias de la diócesis de Sigüenza eran tantas o más que las que tiene actualmente. Y de nuevo, en documento fechado el año 1207, se alude a la iglesia de Pedro junto a la de Tiermes, con motivo de la concordia habida entre los clérigos de éstas y el Concejo de Sotillos. Como puede verse, estas alusiones documentales solamente nos permiten suponer que esta ermita, rehabilitada tempranamente merced al impulso constructivo y renovador del citado obispo, de origen aquitano, sería la iglesia que llenaría las necesidades del culto desde mediados del siglo XII, hasta que, insuficiente por el aumento de población, fue necesaria la construcción de la parroquial a unos doscientos metros al mediodía de aquélla.
Aspecto general. Los elementos constructivos. A simple vista se reconocen desde el ábside dos épocas en la obra exterior de la ermita. La fundacional es la más cuidada. El paramento aparece con sillarejos de toba caliza del mismo terreno, dispuestos en hiladas horizontales trabajadas con mortero, y esquinas de sillares de caliza más selecta, que resisten bien la acción de los siglos. El tercio superior de los muros se ve recrecido con obra posterior de sillería y mampuesto de idénticos materiales, pero construido con menor destreza, tanto en esquinas como en paramentos. El alero, en cambio, se dignifica con sólida obra de estilo románico. El hastial de saliente remata en frontispicio y sus vertientes se ven recorridas por un voladizo de piedra achaflanado, quizá el mismo que protegiera el hastial primitivo, aprovechado en la reconstrucción. El revestimiento de esta fachada tapó la ventana de aspillera centrada en el muro, que apenas se acusa bajo el revoque. En cada costado queda un canecillo desafiando el tiempo, como testigo del alero primitivo. Estos canecillos son de perfil de chaflán y presentan en la parte superior transversalmente, una, pestaña pendiente, Los restantes fueron rotos desde el arranque del vuelo, quedando sus vestigios alineados en el paramento y sin posible reutilización. La nave se ve alterada por la reedificación, que al remeter el muro del frente meridional 64 cm. sobre el cimiento antigua para buscar la alineación del ábside, motivó una evidente asimetría en la planta actual . Tal como hoy la encontramos mide al exterior 17,75 m. de longitud y 7,35 de latitud en el hastial de poniente. El ábside, estrechado en relación con la nave, mide al exterior 5,91 metros de longitud por 6,63 de anchura en el testero orientado a saliente. En el frente de mediodía, totalmente reconstruido, se abre la puerta de ingreso, protegida, así como el tramo correspondiente a la nave, por un pórtico de sencilla estructura de madera, cerrado a los vientos dominantes de poniente por un murete de sillarejos bien cortados. La puerta se reduce a la más elemental construcción dentro de las normas del románico. Sobre jamba s de 22,5 cm. de grueso, que cierran un vano de 1,22 m. de anchura, derramado al interior, voltea un arco de medio punto, de des pieza radial, sobre impostas con vuelo de chaflán. Aprovechadas como sillar de jamba, y en el paramento que da al pórtico, aparecen interesantes piezas esculturadas, sobre las que hemos de volver. El hastial de poniente, de 7,35 m. de anchura, debió quedar destruido en su casi totalidad, y sobre estas ruinas se reconstruyó de nuevo con pobre mampostería y sillares de tobas calizas en los ángulos, prolongándose la obra con el muro adosado que cierra el pórtico. Centrada con respecto al eje de la nave primitiva, queda en el hastial un vano ciego que corresponde a la puerta procesional de la iglesia. Las jambas, bien armadas, con sillares asentados con lechada de mortero, pueden pertenecer, sin alteración, a la portada original; en cambio, las dos interesantísimas impostas decoradas, según veremos. y el dovelaje del arco, traducido en la reconstrucción al medio punto, se hallan desajustados, radialmente irregulares y con evidentes pruebas de haber pertenecido a un arca que no se ajusta a la reconstrucción románica. En efecto, dos dovelas sobrantes embutidas en la obra, se apoyan sobre las impostas decoradas de ambos lados, sirviendo de cuña entre las piezas del arranque del arco y la mampostería del paramento. Todo ello viene a revelarnos que el arco adoptó en su origen una forma diferente de la actual. En el ajuste del dovelaje caben soluciones peraltadas o de herradura, acordes con lo que requiere la obra primitiva. En la pared del norte quedan bien determinadas la nave y el ábside en sus diferentes dimensiones, así como el recrecido del paramento en toda su longitud. Los muros laterales del ábside rematan por alero de grandes cobijas de caliza porosa achaflanadas, que descansan en una notable serie de canes esculpidos con rollos escalonados sobre perfil de nacela de tradición mozárabe, tacos superpuestos decrecientes y cabecitas humanas, entre otros.
Aspecto interior La acumulación de materiales de arrastre sobre el frente de la ermita, por su emplazamiento en pendiente, ha hecho que el piso de la nave quede a 85 centímetros más bajo que el exterior. Este desnivel se salva en la puerta de entrada con cuatro escalones que nos llevan al interior del tempo. La nave, rectangular, cubierta con sencilla estructura de madera mide 10,37 por 5.69 metros. Dos pilastrones, reforzado el del lado de la epístola durante la reconstrucción, sirven de apoyo al arco triunfal de medio punto, en un vano de 3,55 metros, que da paso al ábside. Este mide 4,10 metros de fondo por 4,18 en el testero, y se recubre en toda su longitud con perfecto bóveda de cañón que descansa en los robustos muros de 1,23 metros de grosor. Sobre el altar de piedra, a oriente, según rito, derrama una saetera oculta por un retablo barroco dedicado a la Virgen del Val con el Niño, modesta imagen sedente del siglo XIV, torpemente repintada en época moderna. Nave y ábside quedan alisados totalmente por sucesivos revestimientos de yeso que cubren todas las piezas constructivas y las ornamentales que pudiera ostentar la obra primitiva.
Los elementos decorativos. Tras este análisis de conjunto, volvemos sobre las piezas esculpidas del exterior, que, a falta de fechas docomuntales; habrán de,facilitarnos datos valiosos para establecer paralelos de época y estilo. En la puerta de ingreso encontramos, en primer lugar, una imposta de 52 por 25 por 22 centímetros, utilizada como sillar en la jamba izquierda, cuya posición corresponde con la qué se le asignó al labrarla, ya que nos muestra dos caras contiguas decoradas para ser vistas en el frente del paramento y en el vano de entrada. La ornamentación, esencialmente geométrica, consiste en una alineación de círculos tangentes cortados por semicírculos de igual diámetro, dando lugar a una característica combinación estrellada de arcos de cuadrante tallados a bisel. En los espacios intermedios se dibuja un sencillo' lazo alternando con semiesferas. En el centro de cada uno se estiliza una roseta de seis pétalos. La banda decorativa descansa sobre un sencillo listel. En la cara que da al vano se prolonga el mismo sistema decorativo a base de semicírculos, tangentes dos a dos y cruzados en el centro, formando una estilización tetrapétala en diagonal. Esta composición ornamental debió extenderse a otros elementos de la obra primitiva, a juzgar por dos fragmentos rotos longitudinalmente que encontramos aislados en el paramento, de 42 por 13 y 50 por 13 centímetros, respectivamente, incrusta dos entre la mampostería a la derecha de la puerta de ingreso y debajo de la jamba izquierda de la misma. Los círculos se tallan igualmente a bisel. Los espacios entre arcos tangentes ostentan semiesferas y en el centro de los círculos campean éstas alternando con rosetas. De aquí pasamos a la cegada puerta de poniente, donde, según indicamos, quedan en función de imposta dos piezas excepcionales, ambas con diversa decoración geométrica compuesta de finas bandas talladas en silueta, perdida en algunos sectores por la acción de la intemperie. . La primera, a nuestra derecha, mide 48 por 27 cm. y ostenta en su frente visible dos bellas combinaciones estrelladas inscritas en circunferencias tangentes. En una de ellas parten de un círculo central ocho sectores, que se unen en la máxima abertura por arquillos, engarzados a su vez en el primer tercio por otros resaltados de igual radio, formando así un remate festoneado. El conjunto recuerda una estilización floral. La otra inscribe dos cuadrados enlazados simétricamente para formar una estrella de ocho puntas. El tiempo ha borrado en esta figura el tema central, sin que queden vestigios del mismo para poder reconstruir totalmente esta combinación geométrica. Los dos círculos estrellados engarzan exteriormente por trazos en ángulo que coinciden con los extremos de las diagonal es de la cuadrícula donde encajan ambos. Un listel recorre la parte superior de la imposta delimitando la faja decorativa en toda su longitud. La parte inferior de la .misma bordea la arista del sillar. En el lado izquierdo cambia totalmente el sentido ornamental y en vez de unidades de primor geométrico, encontramos una combinación de tres series de círculos tangentes y secantes enlazados sobre cuadrícula normal. Esta imposta mide 52 por 26 cm. en su frente, y la parte superior se ve recorrida por un sogueado. La cara orientada hacia el vano se decora bajo un listel, de modo opuesto, cuya cara hacia el vano muestra rotura y tosco desbastamiento. Ello indica una vez más, que esta puerta, al menos desde la altura de las impostas, ha sido reconstruida utilizando los más estimables vestigios de la obra primitiva.
Estudio comparativo. Cronología El análisis de los motivos ornamentales que nos ocupan, la técnica escultórica en sus dos modalidades de talla a bisel y en silueta, la función constructiva de estos elementos y las características generales apuntadas, suplen la carencia de otros datos documentales seguros para determinar la cronología de la ermita de la Virgen del Val, llevándonos, por tanto, a filiar su fundación en la época visigoda. . En efecto, la notable decoración de las piezas aprovechadas en la puerta de ingreso y fachada principal cuenta con ejemplares similares en los característicos frisos de traza geométrica que animan los arranques de bóvedas y arcos de la iglesia de San Juan de Baños, en tierras palentinas, y en idénticas piezas decorativas y fragmentos visigodos de igual talla, descubiertos en Mérida y conservados en su Museo Arqueológico. Este tema artístico, fiel a ciertos prototipos, se aplicó también a la rica orfebrería visigoda. Citemos, por ejemplo, la corona de Recesvinto, del tesoro de Guarrazar, cuyas bandas anulares extremas llevan, con hábil repujado, estas mismos combinaciones circulares. Una compleja modalidad de este mismo tema, desarrollado en la puerta de poniente con círculos entrelazados y tangentes, se encuentra también muy generalizado entre los vestigios del foco levantino-andaluz, aplicado a fustes, modillones y frisos que, como en Los Aljezares y La Alberca (Murcia), y en La Guardia (Jaén), se repiten esporádicamente en el área peninsular. Nos queda, por último, la bella decoración de la imposta del lado derecho de la misma puerta de poniente. Las dos figuras estrelladas constituyen un trasunto de temas hispanos. De un lado tenemos el disco radiado con remates semi circulares acordados bellamente, que con tanta profusión se empleó en caladas celosías, incluso en el arte asturiano (San Miguel de Linio), y en las artes menores, en lámparas, en piezas de arnés, faleras, y en la más delicada y valiosa orfebrería, como en la cruz de oro de la corona de Recesvinto, donde se prodigó igualmente con sus ocho armoniosos sectores. La otra figura estrellada, integrada por dos cuadrados enlazados inscritos, constituye un señuelo que nos lleva a considerar posibles influencias del mundo árabe, teniendo en cuenta que, a mediados del siglo VII, la expansión de este pueblo por todo el norte de África, fue acontecimiento de importantes consecuencias, incluso artísticas, para la España visigoda. No obstante, nos ceñimos a la realidad inmediata para estimar los precedentes de esta composición estrellada en los primores geométrico s de idénticas formas que centran los mosaicos hispano-romanos de las próximas villas de Cuevas de Soria y Santervás del Burgo, para encuadrar un símbolo personal el primero, y el emblema de una divinidad el segundo. De otra parte, contamos con la gran losa de mármol emeritense, uno de los modelos más completos de decoración visigoda, en cuyo recuadro inferior se aprecia un círculo con una estrella de ocho puntas, formada por cintas cuadradas enlazadas simétricamente, con la misma técnica que la de la ermita de Pedro. Los primeros testimonios pudieron ser fuente de inspiración para los artistas de siglos posteriores; el segundo, trasunto de aquéllos, viene a reforzar la data visigoda que le asignamos al comienzo de estas líneas. El siglo VII, en su comedio, se aviene bien con esta obra tan minúscula como interesante, considerados los paralelos de estilo y época a que nos hemos referido. Cabe entonces atribuirla al reinado de Recesvinto, merced a la amplia visión de las grandes figuras de la Iglesia, que siguiendo la obra iniciada por Khindasvinto. llevaron aquel impulso constructivo hasta los más apartados rincones de la región. Pedro, Tiermes, Osma, San Esteban de Gormaz..., en territorio soriano, verían elevar entonces sus templos cristianos, de todos los cuales hemos logrado descubrir expresivos vestigos. Arrasados durante las invasiones y algaras de más de cuatro siglos, fueron reconstruyéndose al modo románico, con no pocos recuerdos mozárabes, a medida que estas comarcas del Duero iban liberándose del yugo mahometano. Este ensayo de Teógenes Ortego fue publicado en la revista "Archivo Español de Arqueología", vol. XXX (1958), nºs 97 y 98 (1º y 2º semestres), p. 222-230. |
||
| |
||
| ©
2002 EDITORIAL SOTABUR. Todos los derechos reservados. |
||